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Opinión

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El domingo de ensueño de Videgaray

El gobierno mexicano ha aprendido que una cosa es tener presencia en los medios y una muy distinta ser avalado por la opinión pública.

El gobierno mexicano ha aprendido que una cosa es tener presencia en los medios y una muy distinta ser avalado por la opinión pública. La evidencia está a la vista, pues la amplia cobertura a las actividades del presidente, muchas veces positiva, no corresponde con los bajos niveles de aprobación de su gestión. Sin embargo, el domingo pasado fue un día distinto cuando la cancillería publicó un comunicado en respuesta a tuits de Trump, que fue muy bien recibido como hace mucho no se veía.

¿Por qué las buenas reacciones? Primero, porque esta historia tiene como villano a Donald Trump, quizá el único político más rechazado en el país luego de nuestra clase política; segundo, porque a diferencia de otros momentos el gobierno mexicano fue claro y contundente. Sin ninguna ambigüedad, se afirma que México no pagará por el muro y que no es tema de negociación.

En tercer lugar, el comunicado coloca a México como el actor responsable, el maduro en la relación que reconoce que no es por Twitter donde se habrá de renegociar el TLC; y por último, porque al ofrecer ayuda a los damnificados de Houston, el gobierno refleja que no es un problema personal.

El comunicado de la SRE funcionó también porque ya pocos esperamos algo así del gobierno mexicano que guardó silencio en otros momentos similares y en esta ocasión las bajas expectativas jugaron a su favor.

Lo interesante es que este éxito de comunicación parece ser más un caso aislado que una nueva política de comunicación.

El contraste es notable, pues mientras el comunicado está en línea con el sentir generalizado, los mensajes de radio y televisión van a contracorriente, pues apenas una quinta parte de la población aprueba lo que va de su gobierno. La imagen del país floreciente no corresponde con las notas de violencia e inseguridad; la historia del gobierno que da resultados no cuadra con el desfile de casos de corrupción e impunidad de los últimos años; y por más que el gobierno nos cuente que hay muy buenas noticias, la experiencia cotidiana de millones no corresponde con esa realidad.

El gobierno mexicano debería aprender de sus errores, abandonar el tono triunfalista y reconocer que aún tiene mucho que hacer; pero también debería tomar lecciones de sus éxitos cuando los tiene.

Plantear un conflicto con un adversario definido, reconocer el estado de ánimo dominante de la población, asumir posturas claras y sin rodeos, y actuar en congruencia con lo que se dice son algunos de los pasos que el gobierno debiera replicar si quiere mejorar su comunicación. Aunque basados en la experiencia de los últimos años, lo del pasado domingo quedará sólo como una anécdota y un domingo de ensueño para la cancillería de Luis Videgaray.

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