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Mujeres casadas tienen menos posibilidades de acceder al mercado laboral
Las mujeres casadas tienen menos probabilidad de entrar al mercado laboral, mientras que en los hombres el matrimonio la aumenta, según datos de Conasami. Especialistas explican que la carga de tareas de cuidados a la mujeres las excluye del trabajo remunerado y las expone a violencias.
Para las mujeres el matrimonio disminuye sus posibilidades de ingresar al mercado laboral, para los hombres aumentan.
Para las mujeres casarse y tener hijos disminuye en 23 puntos porcentuales su probabilidad de entrar al mercado laboral, mientras que en los hombres el matrimonio y la paternidad son un incentivo para incorporarse al mundo del trabajo ya que incrementa sus probabilidades, de acuerdo con datos de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami).
“Ser una persona casada disminuye en 23.7 puntos porcentuales la probabilidad de entrar al mercado laboral en el caso de las mujeres”, de acuerdo con el estudio Impacto del Salario Mínimo en la Participación Laboral de la Mujeres de la Conasami. En cambio, en los hombres casados el matrimonio aumenta 5.9 puntos porcentuales esa probabilidad.
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Más allá del matrimonio, lo que está de fondo en la exclusión de las mujeres casadas del mundo laboral es la carga impuesta históricamente de las labores de cuidados no remunerados y estereotipos de género como que deben quedarse en casa y los hombres ser proveedores, coinciden especialistas.
Cuidar hijos disminuye probablidad de trabajar para las mujeres
La presencia de infancias en el hogar también cierra las puertas del mercado laboral para las mujeres: si tienen a cargo menores de 5 años baja la probabilidad de participación en 7.5 puntos porcentuales y aumenta 0.5 puntos para los hombres.
“(Esas circunstancias) muestran efectos significativamente más adversos para las mujeres, lo que evidencia la persistencia de restricciones estructurales en su inserción laboral cuando revisamos el estado civil de las personas”, explica la Conasami.
La carga impuesta de cuidados no pagados va desde la limpieza hasta atender a los hijos y familiares, situaciones que el matrimonio exacerba por las cargas culturales. Se suman los prejuicios vigentes entre los empleadores.
“Por un lado, las mujeres no tienen tiempo para buscar empleo por no tener con quién dejar a las personas que cuidan y por otro los empleadores dicen ‘prefiero contratar a un hombre’ que tiene resueltos los cuidados porque si está casado hay una mujer que hace la comida, cuida a los hijos, que va al supermercado, es decir, él no se hace cargo de las tareas de cuidados”, explica Paulina Gutiérrez, directora ejecutiva de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza.
En México las mujeres participan en menor medida que los hombres en el mercado laboral y lo hacen con mayor frecuencia en la informalidad. Mientras que 14 millones de ellas no tienen ni la posibilidad de salir a buscar trabajo porque son las responsables de los cuidados de su hogar, de acuerdo con datos de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza.
En las mujeres aún recaen ideas preconcebidas y discriminatorias sobre por qué no son contratadas: “Si una mujer es casada, un empleador pensará que seguro se va embarazar, le tendrá que pagar licencia de maternidad, si el esposo se enferma faltará para cuidarlo y un largo etcétera”, ejemplifica Gutiérrez.
“Implica que las mujeres o no trabajan o lo hacen pocas horas, pues se piensa que ellas deben estar disponibles en todo momento para labores de cuidados”, considera Gonzálo Hernández Licona, director del Observatorio Social del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY).
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la tasa de participación laboral de hombres es de 75%, mientras que la de las mujeres es de apenas 46%. Además, el 76% de las personas cuidadoras son mujeres.
“Estamos ante una sociedad que tiene una cultura tradicional y donde las mujeres son quienes atienden a los hijos, esos elementos reproducen roles de género. Eso ha cambiado en el mundo más rápido que en México”, recuerda Hernández Licona.
Además, dentro de la población de mujeres conforme aumenta la cantidad de hijos que tienen sus ingresos son menores, de acuerdo con Acción Ciudadana Frente a la Pobreza. Por ejemplo, las mujeres con un hijo ganan, en promedio, 22,504 pesos por trimestre; con cuatro hijos, el ingreso es de 13,583 pesos por trimestre.
Cuidados no remunerados condicionan entrada de mujeres al mundo del trabajo
La participación de las mujeres en el mercado laboral está condicionada al trabajo de cuidados -como infancias y adultos mayores- por roles de género asignados por la sociedad, explica la Conasami.
A los hombres se les asigna -sin importar escolaridad- el rol de proveedores principales y las mujeres son “relegadas” a trabajos no remunerados o a inserciones laborales fallidas, agrega.
Esta exclusión de las mujeres pasa factura en la experiencia de vida de ellas y en la economía y sociedad, de acuerdo con los especialistas.
“El que las mujeres no puedan ni salir a buscar un trabajo es la raíz de la desigualdad de género que las expone a múltiples violencias porque no tienen un ingreso propio que les dé autonomía frente a un esposo”, expone Paulina Gutiérrez. Además, los hogares tienen un ingreso menor al depender sólo del trabajo del “jefe de familia”.
Mientras que a nivel macroeconómico y social, el país y el mercado laboral se quedan sin el talento de las mujeres: “Perdemos potencial productivo”, agrega Hernández Licona.
Sistema de Cuidados abriría puertas laborales a las mujeres
Los especialistas coinciden en que la forma de revertir esta exclusión es a través de la implementación de un sistema nacional de cuidados público que no esté vinculado a si las personas tienen o no trabajo y la redistribución de las tareas entre hombres y mujeres.
“Necesitamos un poquito de voluntad para hacer una gran transformación si realmente invertimos en quitarle esa carga a las mujeres. Verlo como una inversión pública que va a transformar la vida de millones de personas, de la sociedad y de la economía. Y garantizar el derecho al cuidado como un derecho universal, que esté desvinculado al estatus laboral", considera Paulina Gutiérrez.