La economía global tiembla ante el coronavirus, y Estados Unidos (EU) no es la excepción.

La vertiginosa propagación del virus, que de la noche a la mañana se convirtió en pandemia, cambió el panorama global de la salud, la economía y de la política.

Más allá de las medidas que cada país ha adoptado para tratar de contener los efectos del Covid-19 entre su población y para apuntalar el dinamismo, o de plano, rescatar su economía para el proceso electoral en Estados Unidos implica, como lo diría un croupier de Las Vegas —por cierto, también afectada por la agresiva expansión del virus— “cartas nuevas para todos los jugadores”.

Como un tsunami, el impacto a la economía se ve venir. Estados Unidos no podrá eludirlo y le llega en el peor momento, cuando Trump trata de seducir electoralmente a todos aquellos que votaron por él con la promesa de mejorar sus economías y poner más dólares en sus bolsillos. En sus tres años de gobierno no ha perdido oportunidad para reiterarles que el bienestar está por llegar, pero para nadie es un secreto que un desastre como el que se avizora puede echar por tierra el trabajo y el esfuerzo de años.

Las promesas de su anterior campaña electoral no están del todo cumplidas y en algunos casos ni siquiera han avanzado. si bien una relativa solidez de indicadores económicos le permitía mantener bajo control y administrarse en el proceso electoral —sin presión por un contendiente demócrata de peso, ni grandes lastres a raíz del impeachment—, hasta hace unas semanas Trump transitaba sobre una autopista de altas especificaciones rumbo a su reeleción como presidente de Estados Unidos por cuatro años más. Sin embargo, en cuestión de días, la situación dio un giro de 180 grados y de la nada se formó un tornado que ha dañado el camino por el que Trump iba hacia la Casa Blanca; al paso de los días y pese a su optimismo —sea real o de profesional de los naipes— el presidente ya enfrenta obstáculos en su ruta. Su camino ahora se ha vuelto incierto y con curvas que hace poco no estaban en el mapa del republicano.

Los demócratas, fieles a su esencia y filosofía, continúan en la definición de quién será su abanderado en las presidenciales de noviembre, sorteando incluso obstáculos que no pocos atribuyeron a Trump como parte de su estrategia y la cual, después de haber superado el juicio político al que fue sometido, parece que maneja en el tiempo que le queda libre después de atender sus prioridades: mítines con grupos de republicanos, organizaciones y ciudadanos afines a sus posiciones políticas; continuas alusiones a los logros obtenidos en su gestión, incluido el cierre de fronteras para miles de migrantes, el avance en la edificación del muro, la firma del T-MEC, que por fin fue avalado por Canadá y se prevé que entre en vigor el 1 de junio, pero sobre todo, el avance de la economía, el empleo y los salarios de los estadounidenses.

Todos esos argumentos, presumidos por Trump con profundos matices de interpretación, eran la gasolina que movía su motor, hasta hace unas semanas.

Hoy, una nueva realidad puede llevar al presidente de Estados Unidos a un camino sin retorno. El riesgo por el coronavirus pasó de ser desdeñado a convertirse en el factor que determinará el curso de la economía global en los próximos años. Los resultados económicos de Estados Unidos el año pasado mostraron un desempeño acorde con lo esperado, sin ser nada espectacular, en el contexto de una desaceleración generalizada a nivel global.

Sin tener datos oficiales sobre el primer trimestre del 2020, las previsiones son desalentadoras y se pronostica incluso una contracción en la economía. Todavía esos datos no fluyen de manera pública, ni se reflejan en el bolsillo de los consumidores estadounidenses, ni Trump quiere llegar a ese punto, y por ello se ha reunido con representantes de sectores ineludiblemente afectados, en busca de estrategias paliativas, y más aún, en la tercera semana de marzo anunció un plan de rescate por 850,000 millones de dólares, que incluye ayudas para las familias estadounidenses “vulnerables al coronavirus” hasta de 1,000 dólares a cada una, lo cual demuestra que bajo ninguna circunstancia quiere que, como se presagia, la tormenta pueda anegar e impedir su camino a la Casa Blanca. 

Así, mientras los demócratas definen a su candidato, lo que para muchos puede parecer un gasto excesivo de recursos y tiempo, pero que obedece al espíritu demócrata, Trump ya puso en marcha la locomotora que lo puede llevar por segunda ocasión a la Casa Blanca, si la incógnita del coronavirus no modifica la ecuación que, hasta hoy, parece favorecer al candidato republicano.

Los meses que vienen serán cruciales para incidir en la percepción de los votantes, tanto en las elecciones primarias que actualmente realiza el Partido Demócrata, como en las elecciones de noviembre próximo. Y más allá de a quién elijan —todo indica que será Joe Biden o Bernie Sanders— para buscar la presidencia, el número de contagiados, el nivel del desempleo y, sobre todo, el crecimiento de la economía de Estados Unidos podrían ser los factores que descarrilen el tren de Trump con destino a la Casa Blanca.