En nuestro país, cerca de 400,000 nacimientos, alrededor de 20 % de los que ocurren anualmente, son de madres menores de 18 años, lo que convierte este fenómeno en un problema de salud pública, sostuvieron académicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

De acuerdo con Carlos Welti, del Instituto de Investigaciones Sociales, en áreas urbanas está creciendo la problemática entre las jovencitas con educación media o media superior, aunque siempre se ha relacionado el embarazo adolescente a grupos con condiciones socioeconómicas desventajosas y bajos niveles educativos.

El académico indicó que a pesar de la disminución del nivel de fecundidad en décadas pasadas, el menor cambio se registra entre las más jóvenes.

En general, la población femenina ha incrementado su nivel de escolaridad y su participación en las actividades económicas y políticas, no obstante, lo que no se ha modificado es el rol que juega la maternidad entre ellas , expuso el académico en un comunicado.

Welti detalló que en México los mecanismos sociales se enfocan a reforzar el papel de madres, por lo que las menores embarazadas es muy probable que reciban apoyo del núcleo familiar de origen.

Por eso, dijo, sin importar lo que se haga en términos de políticas públicas, de campañas para el uso de anticonceptivos y relaciones sexuales seguras, si no se logra transformar ese rol de manera puntual y se brinda desarrollo a las mujeres en ámbitos diferentes al de la maternidad, el problema del embarazo adolescente seguirá.

Aparte, Angelina Rivera, de la Escuela Nacional de Enfermería y Obstetricia, consideró que la maternidad temprana se debe principalmente al inicio precoz de la vida sexual, la falta de oportunidades, el poco acceso a los servicios de salud y el miedo y creencias falsas sobre los anticonceptivos.

En este sentido, explicó que las mujeres que se embarazan antes de los 16 años tienen una probabilidad de morir cuatro veces mayor que quienes lo hacen después de los 20 años, estando entre las principales causas de muerte la preeclampsia y la hemorragia posparto.

Detalló que el cuerpo de una adolescente es aún inmaduro para un embarazo, ya que aún no concluyen los ciclos relacionados con los procesos reproductivos y a pesar de que pueda haber la existencia de un óvulo maduro, eso no significa que estén preparadas biológica, psicológica, social o económicamente para ser madres.

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