Huyendo de las maras, la familia de sastres salvadoreños de Alfonso se unió a miles que abandonan su patria centroamericana buscando protección en México, relata la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Junto a su esposa y sus tres hijos, Alfonso vive en un cuarto bochornoso en el sur de México; una máquina de coser en el centro del piso es un recordatorio del modo de vida que dejaron atrás cuando huyeron de la violencia de pandillas en El Salvador.

En un texto de Mariana Echandi, ACNUR retrata la vida de una familia de cinco elementos de los casi 30,000 salvadoreños que el año pasado habían huido para salvar sus vidas.

Alfonso relata a ACNUR que sus hijos Luis y Juan de 20 y 19 años, respectivamente, fueron los primeros en buscar un sitio seguro en México luego que la pandilla les exigió que ellos formaran parte de sus actividades criminales. Abandonaron empleos y su hogar tras las fiestas de Navidad hace dos años; el resto de su familia se les uniría un año después.

Cada familia con jóvenes es un blanco en El Salvador. Las pandillas quieren reclutarlos, y si se niegan a unírseles, te eliminan. Si los padres se oponen, también se meten con ellos. Por eso teníamos que sacarlos de El Salvador , relató Alfonso.

Tras un par de semanas en Tapachula, alguien en una iglesia les contó sobre la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR). Estábamos muy nerviosos (...) Pensamos: ¿qué tal si nos detienen y nos envían de vuelta? Después de todos los problemas que hemos tenido que sobrellevar aquí , recuerda Luis, quien agrega que finalmente solicitaron la condición de refugiado y tres meses después fueron reconocidos como tal.

La menor de la familia, quien estudiaba para sastre y los padres se les unirían más tarde cuando los pandilleros empezaron a acosarles en las calles. Alfonso, su hija y su esposa no obtuvieron la condición de refugio; sin embargo pudieron regularizarse y viven asilados en una ciudad al sur del país.

Una bandera salvadoreña cuelga de la pared de su hogar mientras una máquina de coser de segunda mano que acaban de comprar ocupa el centro de la habitación. Aunque en El Salvador trabajaban como sastres, y esperan poder armar su nueva vida en México, Luis y Juan también han considerado dedicarse a la carpintería, reporta ACNUR.

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