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Opinión

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Vienen dos apuestas eléctricas, faltan electricistas

Buena parte de los más de 700,000 mdp para proyectos eléctricos deberá irse en interruptores, cables, equipos y servicios

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Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas

Jonathan Ruiz Torre

A México —y a su vecino— le urge cambiar su cableado eléctrico, y una empresa europea quiere estar cerca de la fiesta.

Ustedes han escuchado a la presidenta Claudia Sheinbaum hablar de nuevos proyectos eléctricos por más de 700 mil millones de pesos para 2026, y buena parte de ese dinero deberá irse en interruptores, cables, equipos y servicios.

Paralelamente, una empresa con oficinas centrales a las afueras de París debe anunciar pronto la inversión en dos nuevos centros de producción en esta nación que come chicharrón en salsa verde.

Schneider Electric, una compañía que compite con gigantes como Siemens o ABB, tiene en México a poco más del 10 por ciento de sus más de 100 mil empleados en el mundo, lo que convierte al país en una de sus ubicaciones más potentes.

Pasa por un gran momento. La semana pasada presentó su reporte del primer semestre y admitió que sus cálculos de inicio de año fueron cortos. Espera vender más de lo estimado.

“Fue un gran segundo trimestre y estamos bien encaminados para el resto del año”, dijo Olivier Blum, su CEO.

Claro: sus ventas crecieron 17 por ciento en un año contado hasta junio y, además, avanza en la industria del futuro que ya es presente: los proyectos de automatización.

Si ustedes no participan directamente en el negocio eléctrico, están fuera de un agasajo.

Aun con sus mayores esfuerzos, Estados Unidos no logra cubrir sus necesidades de infraestructura eléctrica. Y México, bueno, ustedes saben cómo andamos.

Sucede que todo lo que ustedes piden hoy a ChatGPT, Gemini o Claude está respaldado por centros de datos que demandan una electricidad que, salvo en China, los países no previeron generar a tiempo.

Así que esos servicios no dependen solamente de que Microsoft, Amazon, Google o Meta sigan levantando enormes fábricas de cómputo. Dependen de algo más básico: el mundo quiere electrificarlo todo.

Schneider no vende únicamente interruptores, transformadores o tableros. Puede acompañar un proyecto desde la entrada de media tensión hasta la distribución eléctrica, la automatización, el enfriamiento líquido, los gemelos digitales y el software que vigila la operación.

Y hoy sus ventas parecen amenazadas acaso por la disponibilidad de materias primas o de seres humanos. Literalmente.

¿Cuántos electricistas conocen? ¿Cuántos de ellos están verdaderamente capacitados para electrificar una ciudad o una enorme caja de servidores como las que dieron forma a la “región” de Amazon Web Services en Querétaro?

La compañía espera elevar sus ventas entre 7 y 10 por ciento este año y ampliar sus márgenes. Si cumple sus metas hacia 2030, podría pasar de ingresos por casi 50 mil millones de dólares en 2025 a más de 60 mil millones anuales, mientras su utilidad crecería alrededor de 70 por ciento.

Pero la parte más interesante no está solamente en los fierros.

Cumplir sus metas implica más infraestructura en México —en donde la empresa, tómenlo en cuenta, anunciará pronto nuevas inversiones—, pero también más gente capacitada en una nación donde el oficio todavía es descartado por buena parte del talento que podría hacerse cargo de grandes proyectos.

La empresa cuenta con diversos programas de entrenamiento para contrarrestar el problema.

Hoy, el nivel de capacitación en esa actividad es tan bajo que estimaciones de la industria calculan que alrededor de 500 personas mueren cada año por electrocución.

La producción de esta compañía en México se concentra principalmente en estados como Nuevo León, su principal polo industrial en el país y sede de su primer hub de manufactura inteligente en San Pedro Garza García, diseñado para impulsar la innovación.

La creciente presencia de Schneider, GE, Siemens y empresas similares evidencia el inicio de una nueva era para la cual la energía es apenas la base.

Es una muestra de lo que incluso el influyente crítico del T-MEC, Robert Lighthizer, reconoce: México y Estados Unidos dependen demasiado el uno del otro como para ignorar la necesidad de impulsar sus economías de manera conjunta.

Hoy, cuando la economía regional no brilla, parece un buen momento para invertir. Después podría resultar caro.

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Jonathan Ruiz Torre

Comunicólogo por la UANL, con estudios sobre Mercados de Petróleo, Gas y Energía en la Universidad de Houston. Fue reportero y editor de información de Negocios en Milenio, El Norte y en Reforma, en donde fundó la columna institucional Capitanes. Fue Director General de Información Económica en El Financiero y fundador de la revista Bloomberg Businessweek México. Como Director General de Proyectos Especiales de El Financiero encabezó los esfuerzos de contenidos digitales de la organización. Desde 2014 escribe su columna Parteaguas, dedicada a negocios disruptivos y tecnológicos, que tiene réplica en un podcast: Parteaguas Diario y en redes sociales @parteaguasclub.

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