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Una boda en Yucatán por 1.3 millones de pesos
Pensar en el turismo de bodas, el de lujo y el de convenciones representa una poderosa alternativa para la península.

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
¿Cuánto cuesta casarse? Depende del sapo… y de la princesa. Pero tuve acceso a un dato: una boda para 100 personas en Yucatán costó, en promedio, 1 millón 266 mil pesos en 2024.
Súmenle la inflación y, en este 2026, pueden redondear la cifra a algo cercano a 1.3 millones de pesos en este 2026, para que vayan haciendo cuentas y maletas.
Saco este tema a flote a propósito de la guerra que México está librando contra el sargazo, problema que ayer fue detallado durante la "mañanera" presidencial. Este año está llegando al país cuatro veces más sargazo que el año pasado. Esa planta es un lastre para Cancún y sus vecinos.
Es urgente innovar para evitar que la economía caiga y, en ese sentido, el gobierno generó una estrategia para atraer industria y al sector financiero mediante distintos incentivos fiscales.
Lo que dicen los datos del Inegi es que algo está funcionando. La economía de Quintana Roo cayó 2.6% en un año contado hasta marzo. No es para hacer fiesta, pero compárenlo con la baja de 9.2% registrada en 2025 y entonces ponderen.
México, sin embargo, tiene que explorar nuevas estrategias para generar actividad turística. Es ahí donde entran en acción ciudades cuyo principal atractivo no son las playas, aunque también las tengan. Un ejemplo son los destinos de Yucatán.
Una firma regional llamada Yucatalove, a cargo de Luis Ángel Canul, publica anualmente un reporte titulado The Yucatán Weddings Book.
En su edición más reciente, publicada en 2025, informó que durante 2024 se celebraron en Yucatán entre 400 y 450 eventos del tipo conocido como destination wedding o boda de destino.
Es un fenómeno en auge, impulsado por parejas que buscan lugares capaces de enriquecer su experiencia romántica. Más allá de las ceremonias legales o religiosas, muchas celebraciones incluyen rituales simbólicos y culturales distintos de los tradicionales en México, como ceremonias mayas, hindúes, chinas o judías.
Estas celebraciones resultan especialmente atractivas para las parejas que quieren “marcar” a sus invitados: generalmente treintañeros y cuarentones de alto poder adquisitivo, coleccionistas de experiencias.
Esos encuentros pueden incluir a familiares, pero reúnen primordialmente a amistades con características similares a las de quienes se casan. Por ejemplo, en el terreno económico.
Supe de una boda que cumple con esas características: ambos contrayentes, sudamericanos de nacimiento y empleados de empresas multinacionales. Sus amigos llegaron desde Nueva York, Miami, Ciudad de México, Caracas y Buenos Aires.
El ingreso personal de los asistentes probablemente ronda los 200 mil dólares anuales, por lo que no enfrentan precisamente una situación de precariedad.
La fiesta, en este caso, no se limitó a una noche. Incluyó una reunión previa de bienvenida y una gran ceremonia al día siguiente, claro, en una antigua hacienda yucateca, además de algunos encuentros menores, entre ellos uno de despedida durante la mañana posterior a la ceremonia.
¿En qué se va el citado presupuesto de la boda? Va una lista en orden de relevancia: recinto; catering, es decir, alimentos y bebidas; flores y decoración; wedding planner, que se lleva alrededor de 10%; iluminación; fotografía; video, y aproximadamente una cuarta parte del dinero, en servicios complementarios.
El gasto promedio que hace cada invitado por su cuenta, ronda los 14 mil pesos, sin contar los vuelos. Con ello pueden hacerse una idea de que a la gente de este estado le caen unos 70 millones de dólares solamente por este “pequeño” negocio.
Yucatán creció 2.1% en un año contado hasta el primer trimestre de 2026.
Además de las bodas, dentro del negocio turístico crece el mercado del consumo de lujo en general, y la próxima celebración de la Bienal de Yucatán debe acentuar esa tendencia.
De ahí la relevancia de la coordinación entre empresarios para diseñar estrategias.
Esta semana, Jordy Abraham, presidente entrante del Consejo Empresarial Turístico de Yucatán, apuntó precisamente a la vinculación:
“Nadie puede transformar el turismo trabajando por separado. Ni el gobierno puede hacerlo solo; ni las empresas podemos hacerlo solas; ni la academia puede hacerlo solamente desde las aulas. Necesitamos escucharnos, coordinarnos”, alertó.
Pensar en el turismo de bodas, el de lujo y el de convenciones representa una poderosa alternativa para una península atacada por un enemigo biológico.


