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El silencio de Pemex huele a presión

Eduardo Ruiz-Healy | Ruiz-Healy Times
El lunes pasado, la agencia de noticias Bloomberg informó que Pemex canceló un embarque de crudo con destino a Cuba. Iba a llegar a la isla antes de fin de mes a bordo del petrolero Swift Galaxy. Pero el cargamento dejó de figurar en el programa de exportación y Pemex y la Secretaría de Energía optaron por el silencio. Y ese silencio, para muchos, huele a presión, porque cuando una cancelación es técnica se explica y cuando es política se esconde
El dato importa por la relación que hoy tiene México con Estados Unidos. Donald Trump volvió tóxico cualquier gesto energético hacia Cuba y, en Truth Social, amenazó: “NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA — ¡CERO!”, así, con mayúsculas. Desde entonces, cada movimiento de Pemex hacia la isla debe interpretarse con base en la relación con EU.
Ayer, durante su Mañanera, la presidenta Claudia Sheinbaum habló del tema sin mencionar lo del embarque retirado. No mencionó al Swift Galaxy ni explicó por qué se canceló el envío. En cambio, defendió el apoyo a Cuba como una decisión soberana, con un componente humanitario y un respaldo histórico. También insistió en que el cuándo y el cómo de las decisiones dependen de Pemex y del gobierno mexicano.
Ahí se abrió una confusión evidente. Una cosa es sostener una política y otra explicar un hecho puntual que rompe su continuidad. Si la solidaridad sigue vigente, ¿por qué se canceló un cargamento que ya estaba calendarizado?
Conviene recordar algo básico: la relación con Cuba no nació con la 4T. México ha mantenido una línea de solidaridad con la isla desde el inicio del bloqueo estadounidense en 1962 y la sostuvo incluso durante los gobiernos del PAN. También hay que tener en cuenta que a Trump no le importan los principios, sino ganar. Y cuando en la mesa de la negociación están el T-MEC, la inversión y el empleo de cientos de miles de mexicanos, la solidaridad con Cuba se vuelve costosa.
Hay una razón de fondo para oponerse a enviar petróleo a Cuba: ese apoyo no ayuda a los cubanos, sino a un régimen dictatorial que arruinó a la isla y que necesita combustible y divisas para sostenerse. Algo similar ocurre con el esquema de médicos cubanos: cuando el gobierno de La Habana se queda con la mayor parte del pago y el médico recibe un salario miserable, no es cooperación, es explotación.
Por la misma lógica, el bloqueo ya no se sostiene con sus argumentos originales. Nació en la Guerra Fría y hoy golpea, sobre todo, a la población cubana. Con el tiempo, el embargo terminó siendo funcional al régimen de Miguel Díaz-Canel, pues le sirve de coartada para explicar su desastre económico y justificar su dictadura.
Que el embargo sea cuestionable no vuelve respetable al gobierno, porque Cuba ya no exporta revolución, sino médicos como negocio estatal y policías y guaruras a países aliados. México puede oponerse al embargo y, al mismo tiempo, negarse a subsidiar a un régimen que fracasó desde su incepción, sin admitir que Trump marque la línea.
El embarque se suspendió. Lo que no aparece es el motivo. Y mientras Pemex siga callando, la duda seguirá creciendo, junto con algo más costoso: el riesgo de que se erosione la credibilidad que la presidenta Sheinbaum se ha ganado a pulso entre la mayoría de los mexicanos.
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