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Hechos bolas

Ezra Shabot | Línea directa
La expresión popular “hechos bolas”, expresa la contradicción propia de aquellos que han perdido el control sobre lo que realizan, y cuyo resultado demuestra la incapacidad para resolver cualquier problema o situación. Y esto es exactamente el escenario que presenta el gobierno mexicano en todas y cada una de sus acciones cotidianas.
Desde el manejo del presupuesto federal hasta la instrumentación de la estrategia de seguridad, pasando por la negociación con Trump, en todas y cada una de las políticas públicas, la carencia de profesionales capaces de deshacer los nudos de intereses o incluso ocultar aquellos errores que permanentemente se producen en política, son la constante de la administración morenista. Sí, al gobierno de Sheinbaum se le está haciendo bolas el engrudo. La ausencia de eficiencia se traduce en un temor permanente por parte de empresarios, inversionistas, así como los propios ciudadanos de a pie que perciben el deterioro de la calidad de vida a pesar del discurso oficial y de los recursos, cada vez más escasos, que se reparten indiscriminadamente y sin lógica alguna.
Establecen derechos universales, pero cuando un opositor decide tomar el regalito presidencial, entonces el aparato de control de la opinión pública lanza a sus buitres a la caza de alguien que según su opinión, no es merecedor de tan preciado obsequio. Quejarse de la forma en la que determinado medio de comunicación aborda la realidad es propio de todo gobierno interesado en imponer su narrativa. Pero lanzarse abiertamente contra uno o varios periodistas descalificándolos junto con su empleador, utilizando toda la fuerza del Estado, es propio de regímenes autoritarios y profundamente temerosos de sus desaciertos y complicidades.
Sí, este gobierno está hecho bolas por la imposibilidad de separarse del caudillo, sus negocios y la obsesión por no perder el poder, lo que podría llevar a muchos a la prisión aquí y en los Estados Unidos. Por esto la necesidad de asegurar el mando controlando los tres poderes de la Unión y el aparato electoral en su totalidad, llegando al ridículo de legislar contra el peligro de una inexistente presencia de extranjeros en los comicios como causal de anulación de elecciones. La confusión es total. Las líneas que conectan el ejercicio del poder y la obligación de gobernar están hechas bolas y producen un caos que produce escándalos cotidianos que ya no asombran, pero dañan enormemente la percepción de México como país viable tanto para buena parte de la población mexicana como en el entorno internacional.
Toda esta maraña de líneas cruzadas requiere de un trabajo profesional por parte de la cabeza de gobierno cuya obligación es manejar eficazmente los hilos del poder. Desgraciadamente el único interés en Palacio Nacional es el de utilizar estos nudos de ingobernabilidad para mantener al grupo al mando. Están hechos bolas y no quieren deshacer la madeja.

