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Opinión

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Entre Davos y la cuesta de enero, señales mixtas para México y el mundo

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Irasema Andrés Dagnini | Sextante financiero

Irasema Andrés Dagnini

El Foro Económico Mundial en Davos 2026 dejó claro que el mundo enfrenta un nuevo orden económico marcado por la fragmentación y la incertidumbre. Los discursos de líderes internacionales subrayaron que el crecimiento global dependerá de la capacidad de las economías para adaptarse a un entorno más proteccionista y con tensiones geopolíticas crecientes. La advertencia es clara: la cooperación internacional se debilita y los países deben fortalecer sus capacidades internas para resistir los embates de un comercio cada vez más fragmentado.

En este contexto, los mercados financieros han reaccionado con una mezcla de cautela y optimismo. En Estados Unidos, los índices bursátiles continúan buscando máximos históricos, impulsados por el dinamismo del sector tecnológico y la inteligencia artificial. Sin embargo, la volatilidad persiste ante los riesgos geopolíticos y la expectativa de movimientos en la política monetaria de la Reserva Federal.

El Dow Jones Industrial Average sube a 49,098.0 puntos, reflejando volatilidad, el S&P 500 avanza a 6,915.6 enteros impulsado por sectores tecnológicos y de inteligencia artificial y el Nasdaq Composite registra ganancias destacando la confianza en la innovación tecnológica. Por su parte, el índice del dólar estadounidense (DXY) se mantiene alrededor de 97.5 puntos, mostrando debilidad en los primeros meses de 2026, aunque se espera un repunte en la segunda mitad del año conforme cambien las políticas monetarias globales.

En México, la Bolsa Mexicana de Valores ha mostrado movimientos moderados, reflejo de un entorno internacional mixto, no obstante, los avances han sido sólidos hacia las 68,348 unidades, que ubican la Índice de Precios y Cotizaciones en máximos históricos.

Mientras tanto, el peso sigue ganando terreno frente al dólar en niveles de 17.3611 unidades por dólar. Este nivel, cercano a sus máximos de fortaleza desde mediados de 2024, se explica por la debilidad del dólar, posturas en mercados internacionales y en nivel de la Tasa Objetivo en México de 7.0%, ofreciendo un rendimiento real atractivo para los inversionistas extranjeros.

El tipo de cambio, que en otras coyunturas habría resentido con mayor fuerza la incertidumbre global, hoy refleja resiliencia. La moneda mexicana ha resistido los embates de la volatilidad internacional y en un mes ha ganado 3.06%, sin embargo, no está exento de riesgos: cualquier giro inesperado en la política monetaria estadounidense podría presionar al peso y obligar a Banxico a reconsiderar su estrategia.

Señales mixtas para la economía mexicana

En el plano interno, los datos más recientes del Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) y del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) ofrecen señales mixtas. Por un lado, se prevé que la actividad económica cerró diciembre de 2025 con un crecimiento anual de 2.3%, según cifras de INEGI (indicador IOAE) guiada por el comercio y los servicios. En términos mensuales, el avance fue de 0.2%, lo que muestra una ligera aceleración respecto a noviembre, cuando la actividad se contrajo. Este repunte, aunque modesto, refleja cierta resiliencia en el cierre del año, particularmente en las actividades terciarias.

Por otro lado, la inflación arrancó 2026 con un repunte que no puede pasar desapercibido. En la primera quincena de enero, el INPC se ubicó en 3.77% anual, por encima del 3.66% con el que cerró diciembre. La inflación subyacente, que mide la tendencia de mediano plazo, alcanzó 4.47%, lo que sugiere que las presiones de precios persisten más allá de los componentes volátiles. Aunque el dato se mantiene dentro del rango objetivo de Banxico (3% +/-1), la aceleración en la llamada “cuesta de enero” obliga a mantener la guardia alta.

Implicaciones para el corto plazo

¿Qué implican estas cifras para el crecimiento en el corto plazo? La combinación de un repunte en la actividad económica y una inflación que comienza a acelerarse plantea un dilema para la política monetaria. Por un lado, la recuperación de diciembre sugiere que la economía mexicana podría iniciar 2026 con un mejor ritmo que el esperado. Por otro, la inflación limita el margen de maniobra para recortes de tasas, lo que podría frenar el impulso de sectores sensibles al crédito. En este sentido, la estabilidad cambiaria y la fortaleza relativa del peso son activos valiosos, pero no garantizan un crecimiento sostenido si la inflación se convierte en un obstáculo.

Reflexión final

El mensaje de Davos resuena con fuerza en este escenario: México, al igual que otras economías intermedias, debe apostar por fortalecer sus capacidades internas y mantener un entorno de confianza para la inversión. La resiliencia mostrada por el peso y la actividad económica en diciembre son señales alentadoras, pero insuficientes frente a los desafíos de un mundo más fragmentado. La clave estará en combinar disciplina macroeconómica con políticas que impulsen la productividad y el desarrollo sostenible.

En conclusión, el arranque de 2026 nos deja un panorama de claroscuros. El optimismo tecnológico que domina en Wall Street contrasta con la cautela de los mercados emergentes. México enfrenta el reto de sostener su crecimiento en medio de presiones inflacionarias y un entorno global incierto. La lección es clara: en tiempos de fragmentación, la fortaleza interna es el mejor escudo.

Irasema Andrés Dagnini

Economista y analista de economía y finanzas. Consultor de personas físicas y morales. Docente nivel superior, conferencista. Miembro del Consejo Asesor de UVM-Coyoacán. Editor de Vínculo Económico, canal digital. Comentarista en radio y televisión y colaborador en revistas especializadas del sector financiero.

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