Cuando se menciona la palabra sostenibilidad, es común pensar exclusivamente en temas de medio ambiente, pero el alcance del concepto es más amplio y tiene implicaciones económicas y sociales. A nivel general, desde mi perspectiva como directora global de sostenibilidad de una empresa que opera infraestructura de transporte, significa que todas nuestras acciones deben estar acompañadas de un compromiso con las comunidades donde trabajamos y con el planeta.

Para la iniciativa privada, la sostenibilidad es una herramienta que nos invita a crear estrategias ambiciosas con una visión de largo plazo. Cuando lo hacemos bien, esta se convierte en la columna vertebral de nuestras acciones dentro y fuera de la empresa.

Para un sector tan esencial como el de la movilidad, los factores como la seguridad, el cuidado al medio ambiente y la eficiencia en las operaciones no deberían ser excluyentes. Al contrario, estos elementos se compaginan para impulsar el desarrollo económico, la competitividad y el crecimiento incluyente. Es aquí donde reside nuestro gran reto de ser agentes de cambio y desde nuestra trinchera contribuir al logro de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas. Esta agenda sirve como una guía para dar valor tanto a los accionistas, como a los clientes, los empleados y a la sociedad en conjunto.

Bajo esta visión, en nuestro sector la prevención de accidentes viales juega un papel fundamental. La Organización Mundial de la Salud indica que dichos percances -que causan hasta 50 millones de lesiones anualmente y son la principal causa de muerte a nivel mundial de personas entre 5 y 29 años de edad- serían prevenibles con una mejor educación vial para conductores y el uso de mejores prácticas en la construcción y el mantenimiento de los ejes viales. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía reportó que, en 2019, el 45% de los fallecimientos por accidentes en México estuvieron relacionados con accidentes de transporte, lo que significó la muerte de más de 15,000 personas[1]. Es evidente que hay un gran trabajo por hacer en este frente.

Otra prioridad es disminuir la huella de carbono de la infraestructura vial y promover una movilidad más limpia a través del uso de la tecnología y con una transición al uso de vehículos que no produzcan emisiones directas de dióxido de carbono (CO2), como son los vehículos híbridos y eléctricos. Esto es importante, ya que México es el onceavo mayor productor mundial de emisiones de carbono.

El Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP) publicó en enero de 2020 un informe titulado “Externalidades negativas asociadas al transporte terrestre en México”, donde señala que “el sector de transporte es responsable del 34% del total de emisiones generadas por la quema de combustibles fósiles y de éstas el 97% provienen del transporte terrestre”. Indiscutiblemente, debería ser una prioridad poner manos a la obra y ofrecer soluciones viales inteligentes y sostenibles en búsqueda de la reducción de gases de efecto invernadero (GEI).

Los retos de la seguridad vial y la reducción de GEI ejemplifican la urgencia de conformar alianzas de colaboración entre varios sectores y comprometernos promover el bienestar. No cabe duda que las prácticas empresariales sostenibles forman parte integral de la respuesta a estos retos. En México y en el mundo, la priorización de estrategias empresariales sostenibles será la vía que nos transporte a negocios más sólidos y a una sociedad más equitativa.

* Vanessa Silveyra de la Garza es directora global de Sostenibilidad y Atención al Usuario en Aleatica.