El PIB decreció 0.2% en el primer trimestre del año. El dato es malo, pero puede justificarse por todo lo que ha pasado en estos tres meses. El dato del PIB es malo, pero tiene remedio: el gasto público puede fluir con más eficiencia y el mensaje del Gobierno puede ser más amigable con los inversionistas. El problema no es el dato, sino la reacción presidencial. Vamos bien, mucho muy bien dice AMLO y luego invita a hacer una comparación con Zedillo, “un gobierno que los conservadores consideran un buen Gobierno”.

Un dato negativo significa que no vamos bien. La desaceleración económica ya venía desde el segundo semestre del 2018, pero la tendencia se ha agudizado en el primer trimestre del 2019: el sector agropecuario crece mucho, pero no alcanza a compensar la debilidad del sector servicios ni sirve para apagar el foco rojo en la actividad industrial. Mención aparte merece Pemex, que está en terapia intensiva (o merece estarlo).

Más allá de los números, la cifra del PIB expresa una realidad que es económica, social y humana. Refleja muchas cosas que han ocurrido desde que AMLO fue elegido y cosas muy puntuales que han pasado en estos tres meses. Los empresarios están cautelosos. Los consumidores, optimistas, pero no gastan más.

La cancelación del aeropuerto enfrió el ánimo de algunos inversionistas; las agresiones de Trump han trastocado la logística de la frontera; la guerra contra el huachicol hizo más complicada la vida económica en el Bajío y Occidente por algunas semanas; la inseguridad afecta los negocios y el consumo... la política de austeridad puede ser virtuosa desde el punto de vista moral, pero no siempre ayuda a la economía.

El gasto público se ha contraído 6.1 por ciento. No hay subejercicio, dice AMLO, pero debemos aclarar que tampoco un funcionamiento pleno del músculo presupuestal. La inversión pública no arranca y la derrama de gasto en los programas sociales no va en línea con lo proyectado por el Gobierno. Trascendió que durante una reunión de Gabinete, el mes pasado, el mismo presidente llamó la atención a su equipo, ante la lentitud que se vive en la entrega de recursos. Estamos viviendo la curva de aprendizaje y la disrupción. Se descarrila el tren del neoliberalismo, pero la 4T no ha encontrado su locomotora, o no la ha encendido.

¿Con qué comparamos el menos 0.2% del primer trimestre de AMLO? El presidente propone el primer año de Zedillo, pero más vale tener cuidado. Ese año fue tan malo que trajo la quiebra del sistema bancario y ameritó un rescate de Estados Unidos (que hipotecó nuestras exportaciones petroleras). Podemos compararlo con las cifras de los primeros trimestres. El 0.1% de Fox; el 0.7% de Calderón y el 0.3% de Peña.... Esta comparación vale, porque todos los sexenios arrancan lento, pero más nos vale comparar con lo que necesitamos. Nuestra población crece alrededor de 1.4% anual y necesitamos más de 4% para abatir los rezagos. Señor Presidente: No vamos bien, pero hay margen para mejorar, siempre y cuando se corrija lo que no sirve.

Luis MiguelGonzález

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.