Quiero empezar esta colaboración hablando de manera conceptual. Cuando uno invierte en Bolsa, está comprando acciones de una empresa. Se convierte en dueño proporcional de la misma. De manera intuitiva uno esperaría que un negocio debiera ser más rentable que poner el dinero en el banco, ¿no es cierto?

Las empresas necesitan muchas veces dinero adicional para poder seguir creciendo, para invertir en la construcción de una nueva planta, en la compra de maquinaria o contratación de empleados que puedan incrementar el volumen de producción.

Una empresa tiene dos opciones para obtener ese dinero:

  1. Pedirlo prestado.
  2. Encontrar nuevos socios que estén dispuestos a invertir.

¿Ser socio o prestamista de una empresa?

Ahora bien, es claro que nadie le va a prestar dinero a una empresa sin esperar nada a cambio. ¿Por qué? Simplemente porque prestar implica riesgos, entre ellos el hecho de que no nos regresen nuestro dinero en el tiempo acordado. Por ello, se suele pactar un plazo y una tasa de interés.

Sin embargo, este riesgo no es igual, ya que depende mucho de a quién le estamos prestando. No es lo mismo prestar dinero al dueño de la tienda de la esquina, que prestarle a una empresa sólida como Soriana o Liverpool.

Por ello la tasa de interés que estas empresas grandes y fuertes pueden obtener suele ser más baja que el dueño de la tienda de la esquina. Al fin y al cabo, los intereses representan un costo y por ello las empresas buscan obtener dinero a la menor tasa posible.

¿A quién se le puede pedir ese préstamo? Una opción sin duda puede ser un banco, pero también se le puede pedir dinero al público inversionista.

Por esta razón es que hay empresas que emiten lo que se conoce como papeles de deuda, los cuales son similares a un pagaré bancario o a un certificado de depósito.

La segunda opción que tienen las empresas es encontrar nuevos socios; es decir, gente que quiera aportar capital y convertirse entonces en dueño proporcional de ese negocio.

Ahora bien, cuando una persona va a invertir en una empresa (ya sea al poner un negocio propio o invertir en una empresa exitosa), en realidad no hay nada escrito. Las cosas pueden ir mal y podríamos perder todo nuestro capital. Hay mucha incertidumbre.

Por otro lado, es una inversión de largo plazo porque un negocio no madura de la noche a la mañana.

Adicionalmente, hay ciclos económicos, que son momentos en los que las cosas van muy bien en un país —o en el mundo—, pero que también pueden ser periodos de crisis severas.

En estos casos, las ventas de las empresas se ven afectadas porque la gente tiene menos dinero para comprar el producto que fabrican.

El riesgo tiene una recompensa

Como comenté desde el inicio, realmente nadie invertiría en un negocio a no ser que pensara que le va a ir mucho mejor que dejando su dinero en el banco (o invirtiéndolo en pagarés —o en títulos de deuda—; en ambos casos equivale a prestarlo).

El riesgo de invertir en una empresa es mucho mayor y, por ello, para arriesgarse los inversionistas esperarían una recompensa acorde con ese riesgo adicional que están corriendo.

Cuando alguien invierte en Bolsa, se está invirtiendo en negocios, ya que está comprando acciones de empresas que ya existen, que son exitosas. Uno participa directamente en sus éxitos o fracasos.

Si la empresa crece, se vuelve más eficiente, más rentable y por ello se torna más valiosa y eso se refleja tarde o temprano en el precio de su acción. No sucede de la noche a la mañana, sino con el tiempo.

Pero hay que tener cuidado, ya que puede suceder lo contrario. Hay empresas que se endeudan demasiado; otras que tienen una mala ejecución y van perdiendo mercado. Ése es el riesgo.

Ninguna persona en su sano juicio lo asumiría a menos que tuviera una expectativa de que habrá un rendimiento mucho mayor.

Por eso es tan importante incorporar acciones —invertir una parte de nuestro portafolio en Bolsa— siempre de acuerdo con nuestra tolerancia al riesgo.

Nos ayuda a optimizar nuestro rendimiento potencial a largo plazo, pero siempre en un porcentaje que no nos quite el sueño.

Te invito a visitar mi página: http://www.planeatusfinanzas.com, el lugar para hablar y reflexionar sobre finanzas personales. Twitter: @planea_finanzas.

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com