Dice un proverbio chino que el poder es el mayor enemigo de su dueño. Lo estamos observando con la secuela de agresiones que tanto Estados Unidos (EU) como China realizan para afectar y defenderse, recíprocamente, al margen de las normas generales de la política internacional. Con el tiempo y así lo revela la historia, las superpotencias adquieren rasgos disfuncionales mientras están en la plenitud del poder.

Ha ocurrido en los últimos cinco siglos. Las principales potencias mundiales entran en competencia en el crecimiento productivo, la innovación tecnológica, el armamento, las alteraciones en el equilibrio de poder. Otto von Bismarck que fue canciller alemán en el siglo XIX decía que todas las potencias están viajando en la “ corriente del tiempo en la que navegan con más o menos habilidad y experiencia. Si las rivalidades son anárquicas e intolerantes, viene la guerra”.

Potencias mundiales son ahora eu, China, Unión Europea, Japón y Rusia. El problema de eu es que ha querido abarcar demasiado. Se calcula que el costo que han supuesto las guerras en Irak, Afganistán y otras operaciones posteriores al 11-S es casi el cuádruple del que represento la II Guerra Mundial. Un dato paralelo: EU gasta 50% de sus inversiones totales en defensa. Ello ha significado el abandono de su infraestructura como son las carreteras, los ferrocarriles, las redes eléctricas, los hospitales, que sufren deterioro.

Y ahora Trump ha decidido enfrentarse a China, imponiendo unilateralmente aranceles a los productos que se importan de ese país. Ha ignorado que China tiene más capacidad de represalias que las que suponía Trump. La respuesta de los chinos fue devaluar el yuan frente al dólar para aumentar su competitividad exportadora.

Las consecuencias son las siguientes: 1) la perspectiva de un acuerdo comercial entre EU y China se aleja; 2) el gobierno estadounidense presiona su Reserva Federal para bajar mas las tasas de interés, pero no será por mucho, debido a que ya están bajas; 3) las empresas estatales chinas que suman 250,000 dejarán de comprar productos agrícolas de EU y el Consejo de Estado de China podrá imponer gravámenes a los productos agrícolas estadounidenses, y 4) las bolsas de valores de EU, Asia y Europa ya fueron afectadas.

Trump como aprendiz de brujo ha desatado fuerzas que no puede controlar. Es lo que llamó Rudyard Kipling: “el poder sin responsabilidad: la prerrogativa de la ramera desde tiempo inmemorial”. Sus actitudes han provocado internacionalmente la repulsa general. Su retórica xenofóbica, errática, irresponsable y grosera repercutió en la mente de uno de los lobos solitarios que realizó una matanza de mexicanos en El Paso, Texas; desprecia la capacidad creativa de los inmigrantes, que constituyen un activo valioso.

China es el país que posee la mayor cantidad de reservas internacionales. Tiene 3.9 billones de dólares en reservas. De éstas, 1.1 billones son bonos estadounidenses. Con ello, China está preparada para enfrentarse a cualquier contingencia internacional. A todo lo anterior sumamos las ambiciones neoimperiales de Rusia, la crisis de los refugiados que fomenta una ola tóxica de nacionalismo que amenaza a la Unión europea, el panorama de los países emergentes que muestran una parálisis económica. Lo que ahora resulta evidente es que en un mundo bastante desigual hay una globalidad multipolar. Dice Henry Kissinger: “En mi juventud yo tenía el descaro de creerme capaz de pronunciarme sobre el sentido de la historia. Ahora sé que el sentido de la historia es algo que debemos descubrir, no proclamar”. Un nuevo orden internacional parece inevitable, pero no se distinguen aún sus fundamentos. La política ha descuidado los valores y privilegiado el pragmatismo. Y éste fácilmente conduce a posiciones cínicas.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.