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No a la reforma eléctrica, ¿y luego qué?
Que no se haya aprobado la iniciativa de reforma eléctrica es más que benéfico, pero no es la panacea. Falta mucho por hacer en la materia, México no cuenta con la confianza internacional que se necesita, y si no se avanza en los pendientes, el costo de seguir deteniendo la entrada a las energías limpias, de buscar la reforma de la CFE y reestructurar el esquema de pensiones, será muy alto para los mexicanos.
Vamos por partes: la iniciativa del presidente Andrés Manuel López Obrador buscaba concentrar el poder en la CFE, convirtiéndola en un ente muy poderoso.
Iba a tener influencia sobre el sector eléctrico, energético y la economía, incrementando la energía eléctrica, el desabasto y la generación de energías contaminantes, así se alzaron las voces de legisladores, pero sobre todo de especialistas como Lourdes Melgar.
No obstante, es fundamental aplicar la regulación vigente para permitir el avance en energía más limpia y barata. No se nos debe olvidar que hay plantas de energías limpias que ya están construidas y que sólo esperan que les den la interconexión, mismas que están bloqueadas. Hay empresas que están bajo el esquema de autoabasto y llevan meses solicitando poder migrar a contratos para vender la energía, y la CRE, bajo la tutela de Leopoldo Vicente Melchi García, no se los ha permitido.
Hay una parálisis regulatoria en México, que es fundamental quitar y avanzar.
Es una realidad que la CFE no puede hacer todo en materia de autoabasto de energía, así que será fundamental la apertura a la competencia, aprovechar los acuerdos comerciales y la tendencia internacional, a fin de generar certeza jurídica, la cual está muy golpeada.
De ahí la urgencia de que tanto la iniciativa privada como el gobierno fortalezcan estrategias para que avance. El Gobierno Federal deberá terminar con la parálisis energética y aplicar la Constitución, hay que permitir que la CFE haga su trabajo y respire financieramente, misma que se encuentra en la quiebra desde hace un año, al elevar el pasivo laboral con la Ley Bartlett.
Es fundamental que la CFE permita el esquema de autoabasto acelerado, a fin de que se migre bajo las leyes actuales, y darle un respiro a la CFE.
No es posible que la jubilación de los trabajadores de la CFE se haya reducido a los 55 años y 25 años de servicio, porque el crecimiento de vida de los mexicanos se ha alargado hasta los 80 años, y va a contra corriente de lo que se está haciendo a escala mundial.
Además, ello implica que este año las pensiones de la CFE absorban el 10% del gasto de la Comisión, se va a gastar más en pensiones que en inversión. Para darnos una idea del gasto de pensiones sólo hay que considerar que hay 50 mil jubilados y cada año cuestan 66 mil pesos mensuales en promedio, si lo comparamos con la pensión mínima garantizada vía Afore mensual, es de 4 mil 673 pesos. Así que 66 mil pesos contra 4 mil 673 tienen un gran abismo. Y hay pensiones que rebasan los 200 mil pesos mensuales, de ahí que es necesario reestructurar el pasivo laboral anual de la CFE.
Y qué decir del sistema de transporte de energía de la CFE; muchas rutas ya están saturadas para llevar la energía a hogares y comercios, de ahí los apagones en muchos lugares.
La señal que se debe mandar es que se abre la inversión privada y se respetarán las leyes y reglas en el mediano y largo plazos. Así como se fortalecerá a la CFE para que siga siendo competitiva.
México puede generar energía diversificada, tener ciclos combinados, diversificar la matriz. Hablar sólo de renovables se escucha bien, pero no es suficiente.
En fin. Si se quiere quitar el ruido en materia energética y avanzar en la certeza jurídica, se requiere de reglas del juego de largo plazo, aclarar la posición del Poder Judicial al respecto y tener congruencia en lo que se dice y se hace.

