La caída de más de 40% en el precio del petróleo en los últimos seis meses y el pronóstico de que los precios no subirán pronto es, sin duda, un cambio trascendental para nuestro país.

Los países más vulnerables a la caída del precio del crudo son aquellos que cumplen con alguna o varias de las siguientes características: i) tienen altos costos de producción de crudo; ii) una balanza en cuenta corriente dependiente de las exportaciones de crudo; iii) niveles de reservas internacionales que no son robustos; iv) ingresos del sector público altamente concentrados en la venta de petróleo, y v) acceso limitado a los mercados financieros para obtener financiamientos.

Aunque México no es una economía basada en el petróleo, el balance de riesgos ha cambiado, pero afortunadamente también hay varios factores mitigantes que hacen que nuestro país no sea de los más afectados por el nuevo entorno, y que inclusive el impacto real en la economía sea relativamente limitado por el momento. Aunque México no es un productor de bajísimo costo, tampoco es de los productores de mayor costo -el costo de extracción de crudo en México es significativamente inferior al de los productores del Mar del Norte, el círculo ártico, y al de países que dependen de yacimientos en aguas profundas.

Por otro lado, está claro que las exportaciones de crudo mexicanas dejaron de ser, hace mucho tiempo, un factor determinante que pudiera poner en riesgo la situación de la cuenta corriente -las exportaciones petroleras representan apenas 13% de las exportaciones totales del país.

Adicionalmente, México cuenta con un nivel muy robusto de reservas internacionales que supera 200,000 millones de dólares -además de una línea de crédito del Fondo Monetario Internacional por 70,000 millones– y cuenta con amplio acceso a los mercados financieros internacionales.

Los problemas de México comienzan cuando llegamos al tema de finanzas públicas, ya que una tercera parte de los ingresos de los totales del gobierno viene del sector petrolero. Dejando todo lo demás constante, una caída permanente en el precio del crudo de 40% tendría que traducirse en un recorte de 13% en el gasto público para no incurrir en un mayor déficit.

Sin embargo, hay ciertos amortiguadores que, por lo menos en el 2015, compensan la caída en el precio del crudo. Por un lado, el gobierno contrató coberturas que le garantizan un precio promedio mínimo de 79 dólares por barril. Por otro lado, la depreciación del tipo de cambio compensa parte de la caída del precio del crudo en dólares -por ejemplo, el precio del barril en pesos es el mismo a 79 dólares por barril, con un tipo de cambio de 13 pesos por dólar, que a 72 dólares por barril con un tipo de cambio de 14.30 pesos.

Por otro lado, el hecho de que México importa aproximadamente la mitad de la gasolina que se vende en el país, y que el precio internacional de ésta se encuentra por debajo del precio doméstico implica que el gobierno deja de subsidiar el precio de la gasolina y comienza a obtener un arbitraje positivo.

Aunque en el 2015 los riesgos parecen estar bastante acotados, el 2016 podría ser más problemático si los precios del crudo se mantienen bajos. El gobierno no podrá volver a comprar coberturas en las mismas condiciones que lo hizo este año y forzosamente tendrá que reducir el gasto público a menos que se dé un aumento significativo en los ingresos por recaudación de impuestos, lo cual se ve complicado aunque se dé un mayor dinamismo en la actividad económica.

Otra cuestión que abordaremos en otra edición de Sin Fronteras es el posible impacto de este nuevo entorno en la reforma energética.