La llegada de Joe Biden y el Partido Demócrata a la Casa Blanca implica un viraje de la política económica con respecto a la agresiva agenda que Trump comenzó hace cuatro años.

A diferencia de hace cuatro años, no hay una gran incertidumbre sobre el rumbo de la política económica ya que Biden ha sido bastante claro en cuáles son sus prioridades y la gran probabilidad de que el Senado se mantenga bajo control republicano disminuye considerablemente el margen de maniobra en temas cruciales como la política fiscal.

Biden recibe una economía debilitada por la llegada del Covid-19 y por un pésimo manejo de la crisis sanitaria. Aunque la economía tuvo un fuerte rebote en el tercer trimestre de este año gracias a las medidas de desconfinamiento, el rebrote por el que atraviesa Estados Unidos ha llevado a varios estados a implementar nuevas restricciones a la actividad, que podría generar una recaída económica.

El equipo de Biden está muy consciente de esta situación por lo que el primer pilar de su plan económico incluye la implementación de un nuevo paquete de apoyos fiscales que podría rondar los 2 billones de dólares. Aquí es muy posible que encuentre una fuerte resistencia de los legisladores republicanos en el Senado y que el monto del paquete sea menor a un billón de dólares.

Aunque Biden quisiera que dicho paquete se aprobara de inmediato, los republicanos no parecen tener prisa y posiblemente difieran la aprobación hasta que Biden tome posesión en enero.

El segundo pilar de Bidenomics es el Green New Deal, un ambicioso programa de inversión en infraestructura enfocado en energías renovables y proyectos sustentables desde el punto de vista ambiental.

Estos programas, que implican un incremento en el gasto y la inversión pública, se podrían financiar con un incremento en los impuestos. El plan de Biden contempla, entre otras cosas, aumentar la tasa impositiva a los más ricos —es decir aquellos que ganan más de 400,000 dólares al año— de 37 a 39.6 por ciento.

Asimismo, el plan incluye regresar la tasa de Impuesto sobre la Renta corporativa de 21 a 28 por ciento.

Este plan, que no alcanzaría para financiar el incremento planeado en el gasto y la inversión, tiene nulas probabilidades de ser aprobado si los republicanos mantienen el control del Senado.

Bidenomics también incluye un cambio importante a la política comercial donde se adoptarán políticas menos proteccionistas y, sobre todo, de mayor cooperación y menor confrontación, que las utilizadas por Trump.

Esto no implica que la relación con China se normalizará ya que el discurso de Biden, hasta ahora, ha sido el de mantener una línea dura que proteja los intereses de EU y limite la influencia global de China en términos políticos y tecnológicos.

La diferencia entre Trump y Biden es que este último buscará la cooperación de los aliados políticos y comerciales de EU para lograr esto. La política comercial con otros bloques, como la Unión Europea, Canadá y Estados Unidos debe ser más predecible y conforme a las normas tradicionales. Esto traerá una mayor certidumbre a nivel global.

La expectativa es clara: Bidenomics no implica un cambio fundamental en los temas que han contribuido al crecimiento de EU y dista mucho de incorporar los elementos más radicales de la agenda progresista del Partido Demócrata.

Los pilares del plan de Biden: mayores estímulos fiscales en el corto plazo y una mayor inversión en infraestructura con una agenda ambientalista son buenas noticias para el planeta.

joaquinld@eleconomista.mx

Joaquín López-Dóriga Ostolaza

Socio Director de EP Capital, S.C.

Sin Fronteras

Joaquín López-Dóriga Ostolaza es Socio Director de EP Capital, S.C., una consultoría especializada en fusiones y adquisiciones fundada en 2009.

Es egresado de la Licenciatura en Economía de la Universidad Iberoamericana, donde se graduó con mención honorífica y el promedio más alto de su generación. Cuenta con una Maestría en Economía de la London School of Economics, donde fue distinguido con la Beca British Council Chevening Scholarship Award.

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