El pasado domingo algunos medios retomaron algunos comentarios hechos por el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) en su reporte semanal, en el que este organismo señala entre otras cosas que hay cifras alentadoras y las expectativas mejoran, pero no se advierte aún una dinámica sólida de recuperación económica.

En forma expresa, el CEESP si bien reconoce que hay una recuperación de nuestra economía, no echa las campanas al vuelo sobre el desempeño esperado para el PIB de México al cierre de este 2021. Para este organismo, la tasa de crecimiento de la economía es altamente probable se quede por debajo de lo que espera para el 2021 la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), que al día de hoy mantiene una estimación de 5.3 por ciento de crecimiento anual.

Una de las razones del escepticismo del CEESP radica en el rezago relativo de México en materia de la vacunación contra el Covid-19, que frente al esfuerzo que han realizado hasta la fecha otros países se ubica en el lugar 66 a nivel mundial medido en número de dosis aplicado por cada 100 personas.

En diversas colaboraciones a lo largo del presente año he comentado sobre la diametral diferencia entre las rutas de recuperación de la economía de los Estados Unidos (EUA) y la de la economía mexicana. Mientras que en EUA se estima que la economía regresará en el segundo semestre de este año al nivel que tenía cuando le pegó la pandemia, para el caso de México se estima que eso ocurrirá hacia finales de 2022.

En opinión del CEESP, no obstante que en el rubro de las finanzas públicas se observa control, también se observa cierta fragilidad. Por lo que los espacios de maniobra para la SHCP son realmente reducidos, máxime que recientemente nos enteramos que el remanente de operación del Banco de México que el presidente se saboreaba desde hace casi un año, finalmente no pudo ocurrir. 

Para complicar aún más las expectativas de la administración del presidente López Obrador, es altamente probable que la refinería de Dos Bocas no logre ser terminada en el 2022, ni dentro del costo estimado de 8,000 millones de dólares, tal como lo ofrecieron desde el principio el presidente y la secretaria de Energía, Rocío Nahle, expectativa que han reiterado de manera sostenida aún en fechas recientes. Para empezar, información que se desprende de reportes recientes de Pemex, el presupuesto estimado para lograr concluir este proyecto será 40 por ciento mayor a lo que hasta hace poco sostenían el presidente y Rocío Nahle.

A partir de junio de este año, después del proceso electoral, se empezará a observar con mayor claridad que los grandes proyectos de infraestructura, que se iniciaron de manera deficiente, sin haberse llevado a cabo todos los estudios necesarios, tienen un rezago importante, tanto por lo que hace al tiempo de conclusión como a su costo real.

Así que además del golpe de realidad que tendremos los mexicanos respecto a la baja capacidad para crecer que le estará dejando como legado la Cuarta Transformación, vendrá el golpe de realidad para aquellos ilusos que creyeron que las promesas apresuradas de grandes obras que levantarían a México, que verán cómo empezarán a alargarse los tiempos y a incrementarse los costos. Ya vendrán los días en los que se revisará el adecuado uso de los recursos públicos y llegará el momento de los que tengan que rendir cuentas por haber embarcado a México y sus contribuyentes en proyectos mal dimensionados y mal ejecutados.

No son los conservadores los enemigos del buen desempeño de esos grandes proyectos o del curso de la economía, son las deficientes decisiones que se han tomado, que más pronto que tarde le han pasado factura al futuro de México.

@GerardoFloresR

Gerardo Flores Ramírez

Experto en telecomunicaciones

Ímpetu Económico

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