La importancia relativa del mercado externo para la región sur de México (Chiapas, Guerrero y Oaxaca) es baja. Y sin embargo, 12% del valor de su producción depende del mismo, al igual que 11.1% de su Producto Interno Bruto (PIB) y 8.6% del ingreso disponible para el gasto de los residentes de sus hogares. Su base exportadora es estrecha: La petroquímica y el comercio al mayoreo concentran poco más de la mitad del aporte de las exportaciones a la producción regional, y otro 40% corresponde al petróleo, productos del sector primario, la industria alimentaria y servicios de transporte y comercio al menudeo. Es pues un patrón exportador de materias primas, manufacturas ligeras y petroquímicos.

El peso de las exportaciones en el valor de la producción es ligeramente superior al promedio regional en el estado de Oaxaca (12.3 por ciento). Poco más de la mitad se relaciona con las actividades de la industria petroquímica, cuyo elemento fundamental es la refinería establecida en Salina Cruz. Cuatro actividades más contribuyen con otro 42.6 %, para acumular con la petroquímica 92.7% del total: los productos del sector primario, la industria de las bebidas y los servicios de transporte y comercio al mayoreo.

En el caso de Chiapas, las exportaciones soportan 11.9% del valor total de su producción. De ese monto, casi un tercio se relaciona con las actividades de extracción de crudo y 10.2% adicional por el complejo petroquímico establecido en Cactus. El sector primario y la industria alimentaria contribuyen con 17.3% adicional y los servicios de transporte y comercio elevan la participación acumulada hasta 92.1 por ciento.

En Guerrero, las exportaciones internacionales son las que menos influencia tienen en el valor de su producción total; solamente 7.2 por ciento. De este monto, las de productos primarios y la minería no petrolera representan poco más de una quinta parte. En la minería no petrolera destacan las exportaciones de oro. Tres cuartas partes más son generadas por los servicios de transporte y el comercio mayorista y minorista.

La reducida participación de las exportaciones en la demanda final de las economías de la región sur la hacen menos dependiente a un choque adverso en estas actividades. Frente a una contracción de 20% en la demanda internacional, la región resentiría una reducción de 2.4 % en el valor de la producción. Chiapas y Oaxaca serían las entidades más afectadas, pues Guerrero registraría una caída del 1.4 por ciento.

Con una presencia marginal de actividades exportadoras en la fabricación de equipo de transporte y nula en la electrónica, así como en la fabricación de maquinaria y equipo en general y para la generación eléctrica en particular, la región sur es inmune a una caída en las exportaciones de las industrias automotriz y electrónica.

Asimismo, su perfil de exportaciones de productos primarios y de las industrias de alimentos y bebidas, la pueden beneficiar en la coyuntura desencadenada por la pandemia por Covid-19 que ha propiciado un aumento en la demanda y en los precios de los alimentos. Dado el bajo monto de las exportaciones de estos productos, los dividendos serían marginales: Un aumento de 10% en las exportaciones en estos sectores produciría un impacto positivo en el valor de la producción bruta regional de 0.2 por ciento. Los estados de Chiapas y Oaxaca serían los más beneficiados, en tanto la economía de Guerrero registraría un impacto favorable de 0.1 por ciento.

El efecto combinado del abatimiento en las ventas externas de la industria automotriz, electrónica y de maquinaria y equipo, acompañado de un aumento en las exportaciones de alimentos naturales y procesados, generaría un balance positivo de 0.1% en la producción bruta de la región sur, siendo Oaxaca el estado mejor librado, pues en este caso la cifra aumentaría 0.2 por ciento. Chiapas y Guerrero registrarían números idénticos a la media regional.

A lo largo de los últimos 30 años, la región sur ha registrado tasas de crecimiento en el PIB anual inferiores a las del conjunto de la economía nacional (1.4 y 2.5%, respectivamente). Pero al considerar la evolución de su población, mientras el PIB por habitante en México creció a una tasa media anual real de 1%, en la región sur permaneció estancado. En su interior, en tanto Guerrero y Oaxaca alcanzaron aumentos modestos de 0.4 y 0.6% en el PIB por residente, Chiapas registró un descenso en este indicador a un ritmo anual del -0.8 por ciento. Este resultado es producto de un crecimiento acelerado de la población (1.9% anual) y una expansión muy modesta del PIB (1.2% al año).

Durante la pandemia, las medidas de contingencia sanitaria golpearon con particular intensidad al sector formal de la economía. Como resultado de lo anterior, el ingreso disponible en los hogares disminuyó en todos los segmentos, pero la caída fue proporcionalmente mayor en la quinta parte de los hogares con los ingresos superiores. Con variantes, esto ocurrió en México y en todas sus regiones.

En virtud de lo anterior, se redujeron ligeramente las desigualdades de ingreso, pero toda la población resultó afectada por una severa contracción en sus entradas. De este comportamiento podemos derivar dos lecciones: 1. Un entorno hostil a la generación de valor, ya sea producto de políticas públicas equivocadas o de contingencias de otra naturaleza, como por ejemplo la pandemia, puede mejorar la distribución del ingreso si afecta más a los hogares más pudientes, pero nos empobrece a todos. 2. Las transferencias directas de ingreso a los pobres tienen efectos muy limitados en la superación de su condición. Esto es particularmente cierto en economías poco articuladas, como las de la región sur, pues los efectos multiplicadores del ingreso se transfieren al exterior, ya sea el resto del país o la economía internacional, dado que son las que abastecen un porcentaje muy elevado de sus compras de insumos y bienes y servicios de uso final. El remedio a la pobreza pasa por el desarrollo de las capacidades productivas de los individuos, en lo cual la educación de calidad juega un papel fundamental, así como por la generación de un entorno favorable a las actividades de generación de valor. Si no entendemos esto, seguiremos acelerando en neutral.

*Investigadores nacionales del Conacyt, adscritos al Centro de Investigaciones Socioeconómicas de la Universidad Autónoma de Coahuila.