El tema de la decisión del Banxico de reducir solamente un cuarto de punto las tasas de interés se está poniendo interesante. Lo celebro, porque éste, como los temas de política pública, merece ser parte del debate público nacional. El secretario de Hacienda, Arturo Herrera, señala que todavía existe margen para reducir el costo del dinero. No es la primera vez que esto sucede, alguna vez Carstens se lo reclamó al gobernador Ortiz de manera pública. No recuerdo si José Antonio Meade le haya pedido a Carstens lo mismo de manera pública, pero en privado vaya que lo hacía. Ese tipo de señalamientos no vulneran la autonomía del banco. Finalmente, el gobernador, los subgobernadores y la subgobernadora toman las decisiones de manera independiente.

El punto es que existen muchas razones para defender la idea de que el banco debe bajar las tasas a un mayor ritmo. La principal es que el resto de las economías emergentes y, en particular, las de América Latina, ofrecen menores tasas, cuando no es mejor el perfil de sus finanzas públicas, ni su inflación. Existe estabilidad cambiaria y, de hecho, la sensación de que el dólar barato nos está costando caro en términos de crecimiento. En este saludable debate ha destacado la voz de Irene Espinosa, la única mujer que es miembro de la junta del banco. Dos puntos me llaman la atención de sus argumentos. Uno es que argumenta que en su carácter de funcionaria técnica toma las decisiones exclusivamente con base en los datos. No lo dudo. Pero en un caso como éste, existen razones en favor y en contra para reducir la tasa a mayor ritmo. En una reunión a la que asistieron economistas, digamos ortodoxos, de uno de los grandes bancos del país, la opinión estaba dividida, varios creían que en realidad el banco perdió la oportunidad de reducir más las tasas y ayudar así al crecimiento de la economía del país. Es decir, la valoración de los datos y los riesgos pasa, en ciertos casos, por criterios personales, experiencia y simpatías con ciertas corrientes teóricas. Ahí está el espacio para el debate y la oportunidad legítima de los actores políticos y económicos de influir en las decisiones de una institución autónoma, que decide sobre cuestiones técnicas. Es verdad que la decisión fue unánime, pero eso parece que se debió a la idea de mandar una señal de unidad ante próximos acontecimientos, como las nuevas designaciones para los miembros de la junta.

Espinosa señala que la reducción en las tasas no tendrá efectos en el crecimiento tan determinantes como en países más bancarizados, como EU o Brasil. Es verdad, nuestras decisiones de ahorro e inversión dependen menos del costo del dinero formal y también es cierto que son varios los factores que explican el menor crecimiento económico, no solamente la alta tasa de interés en comparación con el resto de las economías emergentes. El tema, como lo reconoce el propio Banxico en sus ejercicios de divulgación, es que el banco, como parte de su mandato de estabilidad, también tiene que desarrollar políticas para fortalecer el sistema financiero. Es decir, el reconocimiento de que la reducción de tasas tendría un impacto menor en crecimiento, al desarrollar la misma política en otras naciones con sistemas financieros más fortalecidos con respecto al tamaño de la economía, como varias de América Latina, tendría que venir acompañado de propuestas y medidas para robustecerlo. Nuestro disfuncional sistema financiero es otra causa, estructural, de que crezcamos poco.

Twitter: @vidallerenas

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.