El gran tema de nuestro tiempo —sobre todo en la coyuntura electoral actual que vive México— es el de la economía del populismo. Es un tema al cual los economistas profesionales no le han prestado la atención analítica debida y la omisión es verdaderamente de lamentar. En contraste, los economistas ideológicos (por llamarlos de algún modo) han seguido impulsando el enfoque de sus preferencias, con los consecuentes grandes peligros para el futuro de las políticas económicas en México. En suma, hay un debate que se encuentra pendiente.

Hacer la crítica de la economía del populismo no es fácil al menos por dos razones fundamentales. Primera, que la retórica del populismo es tremendamente seductora, casi como el canto de las sirenas para Ulises. Segundo, que no son las buenas intenciones lo que está a discusión sino la viabilidad de las políticas por su efectividad para conseguir lo que se desea. Así, el ideal populista básico de que “todos se merecen todo, sin tener obligación de nada” ha resultado, en la realidad, tan sólo un mero espejismo, una utopía.

La falacia fundamental de la economía del populismo es su ignorancia de que los recursos son escasos. De esa forma, sin escasez de recursos hay siempre fondos suficientes e ilimitados para atender a todos los necesitados y a todos los rezagos sociales. Es por este enfoque que el primer libro de Andrés Manuel López Obrador Un proyecto alternativo de nación resultó un pasquín sin ningún fundamento real: un rosario de proyectos ambiciosos sin indicio alguno de cómo se iban a financiar.

Como buenos adoradores del Estado, hay en el pensamiento de los economistas del populismo un culto en favor del gasto público. Es a través de los gastos del gobierno como se ponen en ejecución todas la políticas redistributivas y reivindicadoras. De ahí la apología del gasto público que hizo López Portillo en aquel malhadado último informe de su fracasada administración.

Pero un gasto público desbordado da lugar a un amplio déficit fiscal que tiene que financiarse. En los sexenios populistas de Echeverría y López Portillo, ese financiamiento se hizo con cargo a la deuda externa pública y a la emisión primaria del banco central. De esta última, se derivó la severa inflación de esos dos sexenios que fue la causa de las muy traumáticas devaluaciones en que ambos terminaron. ¡Nada más de acordarnos da miedo!

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico