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Opinión

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La Expropiación Petrolera

Esta semana se conmemora una vez más la Expropiación Petrolera. Estará enmarcada por la reciente noticia de la quiebra técnica de Pemex, el reporte de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) sobre la mínima rentabilidad del campo donde está más de 30% de las reservas de este país; y una discusión política sobre las recientes reformas administrativas creadas por el nuevo Consejo de Administración de Petróleos Mexicanos.

Hasta principios de este sexenio, el espíritu legislativo estuvo contento con preservar la exclusividad del Estado mexicano para las actividades petroleras, petroquímicas, comerciales y de distribución que el decreto expropiatorio de 1938 propició. Parte del destino de ser mexicano conllevaba que así debía ser, y ante la infalibilidad de la Constitución -supuesto también obligado- se permitió el deterioro de Petróleos Mexicanos (Pemex), y de las reservas petroleras, patrimonio ambos de los mexicanos presentes y futuros.

Contratos incentivados, en el ojo del huracán

El resarcimiento de las mejores condiciones operativas de Pemex, como antecedente del cuidado patrimonial de las reservas petroleras sigue siendo un pendiente. Hay dos elementos que tendrán que ser resueltos en este 2010. Por un lado, los contratos incentivados para la perforación de pozos, y por otro lado el final de la moratoria para actividades petroleras en las aguas del Golfo de México vecinas a Estados Unidos.

Los contratos incentivados son un caso en que algunos políticos actúan con gran oportunismo o mostrando total ignorancia. Aquellos que cuestionaron honestamente algunas de sus disposiciones han encontrado respuesta por parte de Pemex y ahora se demuestran satisfechos. Otros, prefieren el no, por principio y no se les encontrará remedio. Se benefician de la inacción.

Un contrato incentivado no presume hacerlo lo mejor posible. Porque para eso no se necesitaría un incentivo más allá del contrato mismo. Un contrato con incentivos reconoce que la perforación de un pozo petrolero tiene grandes incertidumbres, que se conocen sólo cuando se está perforando el pozo. No hay como conocerlas antes. Es como un médico que ante los primeros síntomas de una enfermedad receta una medicina; y posteriormente, a la luz de la información que las herramientas del diagnóstico le dan, receta otra.

¿Qué paciente seguiría con la receta inicial sabiendo que la más adecuada es la nueva?

Pues similarmente, un contrato incentivado motiva, y recompensa, actuar en consecuencia de la mejor información disponible en cada momento. Para la empresa, y el país, el resultado necesariamente tiene que ser más producción petrolera que la que tenemos ahora con contratos genéricos de perforación de pozos. Quien se oponga a los contratos incentivados es responsable, en alguna medida, de esa riqueza perdida.

Yacimientos transfronterizos

El otro aspecto que requerirá una solución en el 2010 es la renegociación de la moratoria para actividades petroleras en las aguas del Golfo compartidas con Estados Unidos.

Ya, hace tiempo, la senadora Rosario Green promovió un exhorto al Ejecutivo para proceder con esa negociación. Cuesta trabajo entender porqué los estadounidenses querrían extender una moratoria cuando habrían trabajado 10 años preparándose para cuando ésta finalizara.

Estos dos son pendientes que la expropiación, en su origen, omitió.

Posteriores gobiernos soslayaron la discusión dañando los mejores intereses de la Nación. Que sirva este 18 de marzo más para trabajar en el futuro y menos para conmemorar una obra incompleta.

* Presidente de la Fundación México Necesita Ingenieros

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