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Con el ‘fracking’, ¿se podría pagar la deuda?

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Hay un enorme “terreno” pegado a Tamaulipas y Coahuila, ubicado más o menos en la zona texana del ‘shopping’ que incluye esos pueblos que están entre Eagle Pass y McAllen. El yacimiento de hidrocarburos de esa región lleva por nombre Eagle Ford.
De ahí, los estadounidenses han sacado, más o menos, el equivalente a 94,000 millones de dólares.
No quiero hacerlos bolas, pero sé que tengo lectores detallistas: es el resultado de multiplicar un precio del gas de 2.6 dólares por millón de BTUs por un total de 35 billones de pies cúbicos (TcF) de gas natural que han sido extraídos en esa zona durante unos 20 años.
Pemex debe alrededor de 100,000 millones de dólares. No es difícil hacer cuentas acerca de la equivalencia.
¿Por qué viene a cuento la comparación?
Porque a ese yacimiento le quedan aproximadamente otros 35 billones de pies cúbicos de gas, en el lado estadounidense. Pero este tesoro no termina de aquel lado de la frontera. Se extiende más al sur, por el subsuelo mexicano, hasta cuencas que llevan por nombre Burgos o Sabinas.
A través de inversiones de empresas privadas locales y foráneas, los vecinos usaron ese yacimiento como una parte de la estrategia que los convirtió en el principal proveedor de hidrocarburos del mundo, por encima de Arabia Saudita.
Explotar ese yacimiento implica el uso del ‘fracking’, el rompimiento de rocas enormes que tienen atrapado el gas natural.
Todos los presidentes mexicanos de este siglo han pensado que usarlo es una opción para ayudar a Pemex, a la industria y a las finanzas públicas. Incluso la presidenta Claudia Sheinbaum lo analiza como una opción que hizo pública este año.
Solamente se opuso Andrés Manuel López Obrador, con su enorme poder político.
Sus opositores lamentan y critican esa decisión. Sus admiradores sostienen que él nunca se equivoca.
Atendiendo al pragmatismo, mi impresión es que su influencia detuvo durante 20 años una decisión que resulta lógica desde el inicio. Voluntaria o involuntariamente, ayudó con su decisión a las empresas que operan del lado de Estados Unidos y a quienes transportan el gas de Eagle Ford y otras regiones más norteamericanas hacia México, cuyos habitantes terminan consumiendo ese producto, principalmente convertido en electricidad, cemento, acero y vidrio.
En los hechos, el discurso contra el fracking le quitó ese negocio a Pemex.
Ahora sabemos que pudo darle quizá dinero equivalente a su enorme deuda, que estamos pagando todos con todo lo que no puede pagarles a ustedes el gobierno, por cubrir intereses de la petrolera.
Tan cierto es el desperdicio de gobiernos priistas y panistas del dinero de buenos años petroleros, como el bloqueo a esa industria por parte de petistas y morenistas. Todos los políticos alegan pureza en sus acciones.
Hoy es un día importante. Este miércoles, la presidenta Claudia Sheinbaum debe dar a conocer al grupo de personas que dirán si México debe o no meterse a la producción de gas con fracking, en el norte de México. Conviene apoyarla.
Solamente en la UNAM, varios investigadores ya analizaron el impacto del fracking: Salvador Arciniega Esparza, Alejandro Bezanilla Morlot, María de las Nieves Carbonell y Luca Ferrari.
En Texas, los expertos que destacan están en la Universidad de Texas en Austin: Scott Tinker, Vaibhav Bahadur y Michael Baldea.
Personalmente, tomé un curso sobre mercados del petróleo, gas y electricidad en la Universidad de Houston, en donde conocí a Michelle Foss.
Lo que quiero dejar claro es que hay una lista de personas que conocen del tema. Ojalá que esta vez pese más la opinión de expertos que la de políticos que en el pasado persiguieron más votos que prosperidad para los mexicanos.
En una de esas, se podría pagar la deuda y comprar muchos kilos de sopa.

