La mediación —que hoy interesa— no es un fin en sí misma; se trata de un medio —tal vez el mejor, si no el único— para resolver conflictos sin acudir a los medios estrictamente judiciales o como medida previa ante ese agotamiento.

En la mediación nunca se supone una suma cero, en la que uno gana todo y el otro pierde todo, como si se tratara de una partida de ajedrez. No, en la mediación se invoca una suma positiva, que permita que cada cual obtenga un satisfactor en la medida justa y proporcional del caso, de acuerdo a los interesados. Por ello, la mediación es un proceso activo, que busca ir hasta el fondo mismo del problema, sin esquivarlo o minimizarlo.

Como hemos comentado en entregas anteriores, una característica de la mediación es que no resulta indispensable la contratación de los servicios profesionales de abogados para litigar o defender a cualquiera de las partes. Esta realidad no debe alarmar al profesional del Derecho, pues se trata de una transformación jurídica del mundo que requiere de un cambio radical en la mentalidad del jurisconsulto del siglo XXI, desde su formación y en el ejercicio profesional, pues la mediación amplía también el universo del quehacer del profesional de la ciencia jurídica. Es una opción más en los diversos papeles que puede asumir el abogado.

Esto supone alejarse de los paradigmas tradicionales que fomentan el litigio como único mecanismo para resolver conflictos y formar abogados con una vocación orientada a solucionar controversias mediante el uso de otros mecanismos igualmente basados en el Derecho.

En la mediación, el profesional del Derecho puede facilitar la construcción de acuerdos como mediador. Desde luego también puede fungir como asesor o consultor de cualquiera de las partes, por ejemplo, para supervisar el contenido del proyecto de convenio que, en su caso, suscriban los mediados.

El abogado que aspira a ser mediador, es capacitado exhaustiva y permanentemente en técnicas de negociación, comunicación, teoría del conflicto, nociones de psicología, neurolingüística y disciplinas afines con el propósito de dotarlo de las herramientas que le permitan ofrecer un servicio de la más alta calidad como facilitador en la solución de conflictos.

Se trata de problemas antiguos con soluciones novedosas que reflejan a sociedades más participativas en donde la tutela del Estado toma una nueva dirección. Es creciente la adopción de políticas públicas de mediación en diversos países, México no es la excepción, políticas que se traducen en la prestación de los servicios de mediación pública a la ciudadanía que conviven con la prestación de los servicios de mediación privada que proporcionan profesionales independientes, bajo la supervisión de sus respectivos poderes judiciales.

Es de tenerse en cuenta que el ejercicio profesional de la mediación no está reservado, conforme a diversas disposiciones legales, así como en otras latitudes, al profesional del Derecho, en exclusiva. Sobre todo, en los ámbitos comunitario, escolar, penal y de justicia para adolescentes.

El papel del abogado mediador, en este escenario, cobra la mayor importancia, toda vez que su formación jurídica le permite garantizar la legalidad de los compromisos, acuerdos y convenios que resulten de las mediaciones que atienda.

Los ciudadanos quieren resolver sus conflictos en paz, con orden, bajo la seguridad que otorga la sujeción de todos al orden jurídico. Si enfrentan una controversia, deben saber que cuentan con instrumentos y personas capaces de acercar vías de solución al conflicto y que pueden confiar en que siempre será mejor buscar equidad y equilibrio, que violencia, o peor aún, ausencia de todo: de respuestas, de compañía, de sendero a recorrer. De eso debemos estar pendientes.

Cuando hablamos de mediación, de Centros o Institutos de Justicia Alternativa o de mediadores que atienden casos en materia familiar, civil, mercantil o penal, es poca la atención que recibimos, pero mucha la recompensa obtenida, al mirar la manera en que hombres y mujeres libres se reconocen derechos y pactan una solución a su conflicto.

Es la mediación una vía diferente y confiable, fundada en Derecho, para darle salida justa a problemas entre personas o entre personas e instituciones que tienen que ver con conflictos o controversias, pues es dable pensar en respuestas más expeditas, accesibles y eficaces, para darles solución a ellos, a través de mediaciones y acciones de composición jurídica como esas vías alternativas, que evitan en muchas ocasiones y con productos equitativos y justos, la parafernalia judicial, que puede y debe quedar inscrita en la atención de conflictos irresolubles y que requieren forzosamente de la tarea conmutativa de un juzgador.

En esas vías debemos insistir para mejorarlas y ensancharlas; ahí está una respuesta real de distensión social, a la cultura de la paz.

Pascual Hernandez Mergoldd es abogado y mediador profesional. 

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Pascual Hernández Mergoldd

Abogado y mediador profesional

Columna invitada