Competir en solitario en la economía actual, además de ser complejo y riesgoso para una empresa, hace ineficiente el uso de recursos y reduce la competitividad de los sectores productivos

En la industria agroalimentaria se requiere del abasto de materia prima confiable y en condiciones competitivas, por lo que es común que el sector no se relacione directamente con los productores, sino que se abastezca del mercado externo, de comercializadores o acopiadores a fin de asegurar el volumen y calidad de la materia prima.

Ante un sector agroalimentario integrado por micro y medianas empresas, incluso, los productores que en México se consideran grandes, son pequeños en comparación con los productores de países como EU, Brasil o Argentina. Esta situación genera que la lista de proveedores de las agroindustrias nacionales supere 30 microempresas para abastecerse, y la problemática que enfrenta la industria al tener múltiples proveedores, se agudiza cuando éstas se encuentran en crecimiento.

En contraparte, pequeños y medianos productores de México desarrollan su actividad con recursos limitados, rezago tecnológico y sin acciones asociativas o de integración a las cadenas de valor. Lo anterior se traduce en baja productividad, rentabilidad y limitado acceso al mercado, que no les permite generar una oferta con el volumen y calidad adecuadas a la demanda de la industria, reduciéndose su capacidad de negociación en los mercados.   Superar esta fractura en la relación entre productores y agroindustria es un reto para el sector, que requiere inversiones con un direccionamiento que permita mejorar la productividad, la organización y la vinculación al mercado de los productores rurales.

Una de las tendencias mundiales de los agronegocios es la integración de redes de valor que vinculan la producción primaria con los mercados y orientan las mejoras en competitividad de todas y cada una de las empresas que participan.

La red de valor es el conjunto de agentes económicos que producen un bien particular a costos competitivos al consumidor. Desde este punto de vista, el consumidor es quien define lo que se debe producir y la red se integra para satisfacer esa demanda en forma ordenada y competitiva.

Sobre este enfoque de integración de redes de valor, desde sus inicios, FIRA ha basado su labor en la identificación de oportunidades de inversión con enfoque técnico-financiero, el cual se orienta a construir y ampliar las relaciones de negocio de productores y empresas en mercados agroalimentarios competitivos. En este sentido, la institución implementa diversas herramientas para identificar, delinear y constituir proyectos para integrar redes de productores con industriales de productos agroalimentarios.

*Marco Antonio Cabello Villarreal es Especialista en la Subdirección de Programas y Proyectos La opinión aquí expresada es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

[email protected]