En el mes de febrero, el gobierno de Jair Bolsonaro tomó algunas medidas que disminuyeron fuertemente la influencia en el gobierno de los “olavistas”, (la línea ideológica de derecha liderada por el filósofo Olavo de Carvalho, cercano a Steve Bannon y seguida por parte del grupo íntimo del presidente y su hijo Eduardo Bolsonaro).

En primer lugar, se destaca Filipe Martins, el asesor estrella de política internacional que perdió atributos que lo convirtieron en uno de los principales asesores del presidente. En segundo lugar, la salida de Onyx Lorenzoni, jefe de la Casa Civil.

Al mismo tiempo, el nombramiento del general Braga Netto, que dice ser un cartesiano y positivista, al frente de la Casa Civil, así como la creciente influencia del general Ramos de la Secretaría de Gobierno, indican que el ala militar está muy fortalecida. Hay que agregar al general Augusto Heleno, jefe del Gabinete de Seguridad, quien ya desde el inicio del mandato de Bolsonaro viene siendo uno de los principales interlocutores.

Al hacer el cambio de mando de la Casa Civil, Bolsonaro expresó su incomodidad y desgaste frente al Congreso y la opinión pública con las peleas políticas palaciegas patrocinadas por la línea más ideológica dentro del Palacio de Planalto. Fue una señal directa a los “olavistas”, a través del desplazamiento de Onyx Lorenzoni, quien mantuvo una agenda personal centrada en la política de Rio Grande do Sul y por su aproximación al grupo ideológico, pese a haber sido uno de los colaboradores que estuvo en los inicios de la campaña de Bolsonaro por la Presidencia.

Por esta razón, la decisión de colocar al general Braga Netto como el nuevo jefe de la Casa Civil se recibió en Brasilia como un blindaje del ala militar al presidente, pero también como un intento de aceleración del ritmo de la gestión del gobierno en un año electoral, por lo que, con el perfil militar del nuevo ministro, la intención explicita del presidente es darle al núcleo del Poder Ejecutivo una guía de más orden, disciplina y jerarquía. El objetivo es más gestión y apoyo a las reformas económicas y menos ambiciones personalistas.

La percepción en Brasilia es que se dio una clara señal de una nueva dirección con una fuerte influencia de tres generales y amigos cercanos al presidente: el ministro de Defensa, Fernando Azevedo e Silva; el ministro de la Secretaría de Gobierno, Luiz Eduardo Ramos; y el nuevo jefe de la Casa Civil, Braga Netto.

Como resultado de este movimiento, el gobierno de Bolsonaro busca entrar en campaña para las elecciones municipales de este año con menos discurso ideológico y más gestión pública, intentando acelerar la agenda de reformas económicas y trabajando permanentemente en mejorar el diálogo con el Congreso.

Para el gobierno argentino de Alberto Fernández, estos cambios deberían tener un impacto positivo debido a que justamente ha sido el ala militar con el vicepresidente Mourão a la cabeza la que ha llevado adelante una política exterior mucho más pragmática, explicitada en las decisiones de aproximación a China, la intervención sobre el Amazonas durante la crisis medioambiental y la participación del general en la asunción del presidente Alberto Fernández como gesto de aproximación luego de que el presidente Bolsonaro apoyara explícitamente al expresidente Macri durante las elecciones del 2019.

*Director de la consultoría ABECEB.

@gustavojperego