Bitcoin es un medio virtual de pagos que se ha convertido en la primera divisa electrónica a gran escala en la era del Internet. Aunque bitcoin todavía no es aceptada en la mayoría de los comercios establecidos, su penetración ha venido creciendo de manera exponencial en diferentes proveedores de bienes y servicios en Internet e incluso en algunos comercios físicos.

Comprar y usar bitcoins es relativamente fácil y existen varios portales de Internet donde se pueden adquirir y otros cuantos donde se acepta como medio de pago. La compra mínima es por un cuarto de bitcoin, que al momento de escribir esta columna equivalía a 145 dólares (un bitcoin completo cotizaba a 580 dólares) y se puede hacer con débito a cuenta bancaria o con pago a través de tarjeta de crédito.

Los portales en los que se adquiere bitcoin crean una especie de cartera virtual donde los usuarios almacenan sus bitcoins y pueden intercambiarlos por dólares u otras monedas, o viceversa, en cualquier momento. Armado con bitcoins el usuario puede adquirir diferentes bienes y servicios en unos 3,000 comercios virtuales y físicos que aceptan la moneda virtual.

Una de las ventajas de bitcoin sobre las divisas tradicionales u otros sistemas de pagos, como PayPal, es la agilidad y anonimidad para transferir recursos entre diferentes personas con cuentas de bitcoin.

Aunque bitcoin cumple de manera limitada con las tres funciones tradicionales del dinero: i) medio de pago, ii) depósito de valor y iii) unidad de medida de los precios, hay diferencias fundamentales con las monedas tradicionales.

En primer lugar, bitcoin no está regulado ni respaldado por ninguna institución o banco central, como las monedas tradicionales. En segundo lugar, bitcoin no es un medio de pago generalmente aceptado y su función como depósito de valor es aún cuestionable.

Este último punto se ha puesto de manifiesto de manera frontal en los últimos días. El valor de un bitcoin medido en dólares ha mostrado una volatilidad sin precedentes en los últimos dos años, pasando de un mínimo cercano a 125 dólares a principios del 2012 a un máximo de casi 1,150 dólares a principios de diciembre del año pasado.

La popularidad de bitcoin lo ha vuelto un activo altamente especulativo y su precio es determinado nada más por la oferta y demanda sin la intervención de ningún ente regulador.

La volatilidad del bitcoin ha sido acentuada por la falta de confiabilidad en algunos de los principales portales de compra-venta y almacenamiento. Uno de los casos más emblemáticos es el de Mt.Gox, un portal basado en Tokio que suspendió todos los retiros de dinero, dejando a sus clientes en el aire.

Aunque bitcoin es un fenómeno revolucionario que puede transformar la manera en que estamos acostumbrados a pagar por bienes y servicios, su estructura actual lo hace altamente vulnerable.

A diferencia de una institución financiera tradicional que está estrictamente regulada y donde los depósitos del público tienen una garantía federal hasta ciertos montos, bitcoin opera en una plataforma libre. Esto lo hace vulnerable a operaciones ilícitas o de lavado de dinero y a situaciones como la de Mt.Gox, donde los usuarios no tienen ningún recurso legal para reclamar su dinero.

Bitcoin no va a desaparecer, pero aún le falta un camino muy largo para dejar de ser una moneda virtual vulnerable de nicho y convertirse en una divisa confiable y de amplia aceptación.