Si algo no nos gusta como seres humanos es vivir en la incertidumbre: provoca ansiedad, desasosiego, y a todas luces, activa todas nuestras alertas de seguridad y de medición de riesgos. Los últimos meses, además del panorama desolador a todos niveles a nivel mundial, algo que caracterizó nuestra relación con la vida cotidiana es la incertidumbre.

Muy probablemente, para muchas personas, la vida en confinamiento se ha vuelto un acto repetitivo hasta el cansancio, al punto de desarrollar rutinas que muy probablemente anteriormente no se practicaban. Levantarse, arreglarse, desayunar, conectarse a la computadora y atender juntas, trabajar online, cortar para comer y repetir las tareas hasta terminar de trabajar o hasta que el horario marque la hora de salida. A medida que avanzó la pandemia, se dio un fenómeno en el que el orden de los factores empezó a alterarse. A medida que el confinamiento se fue prolongando, los horarios y el orden de las actividades que no corresponden a atender juntas de trabajo o atender clases en línea fueron alterándose. Así, las consultas en internet acerca de cómo hacer eficiente el trabajo desde cama, o el arreglo personal en el confinamiento son temas que ahora han relajado a muchas personas.

Dentro de toda la incertidumbre sobre el final de la pandemia, como seres humanos necesitamos pequeños marcos de certidumbre en el día a día, y estos marcos están dados por la forma en la que organizamos nuestra vida en el confinamiento. Si bien, resulta absurdo pretender que usáramos un atuendo de oficina para atender llamadas desde casa, es una realidad que el ofrecer un marco de orden a las actividades del día a día puede ahorrarnos situaciones de estrés emocional.

Dentro de este marco, el cuidado de nuestra alimentación, de nuestros hábitos de descanso y de actividad física resultan un pequeño marco de certidumbre dentro del caos. Cuidar de la alimentación no significa obsesionarnos por cada caloría que comemos. Significa simplificarse la vida para organizarse y disfrutar de lo que comemos como uno de los pequeños placeres del día a día que podemos ofrecernos. La actividad física no significa obsesionarse con trasladar el gimnasio a la casa para esculpir un cuerpo “perfecto”. En tiempos de caos, la actividad física nos ofrece un espacio para dar mantenimiento a un cuerpo, probablemente colapsado por pasar tantas horas frente a una pantalla. Genera endorfinas que nos facilitan una sensación de bienestar aún en condiciones de estrés. Lo difícil en estos casos, es decidirse a empezar: empezar a hacer actividad física, subirse a una caminadora, o simplemente seguir un video de ejercicios en línea. Empezar no es sencillo, y mucho menos mantener el hábito, aún con la montaña rusa de emociones que supone la pandemia.  No es fácil cuidar lo que comemos cuando sabemos que el estrés es un detonador no sólo de comer compulsivamente, sino de comer alimentos que muy probablemente, después no nos hagan sentir tan bien. No es fácil encontrar las fuerzas para cuidar todo esto, sobre todo cuando las noticias del exterior agobian  el día a día de todos. No es fácil cuidar la higiene del sueño, cuando las noticias agobian por la noche.

Pero por paradójico que parezca, el cuidado de estos aspectos con pequeñas iniciativas en el día a día, es lo que a un largo plazo, puede significar un pequeño marco de organización dentro de todo el caos.

@lilianamtzlomel

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

Lee más de este autor