José Antonio Meade es un hombre brillante, con trayectoria sobresaliente en el servicio público. Lamentablemente es el candidato virtual del partido que durante décadas ha dañado profundamente a México, un partido de simulación y simuladores donde buena parte de sus militantes son muy buenos actores y fingen un proceso interno. El dedazo es su regla y el candidato ya está definido. Es él.

Quiero hacer hincapié en que no tengo nada personal en contra de José Antonio Meade ni de ningún otro aspirante, precandidato o candidato a la Presidencia. Lo que siento es un amor profundo por México y de ahí una enorme responsabilidad de decir las cosas como son, promover el debate y, en una coyuntura inundada de mentiras y descalificaciones, contribuir a desmentir muchos de sus planteamientos pues hay argumentos que no tienen lógica ni fundamento.

Meade apunta a la excusión y a la inseguridad como dos de los grandes enemigos de México. Lo son. El problema es que tuvo en sus manos la oportunidad de repensar una secretaría como Sedesol y limpiarla de tanta corrupción. Dejó pasarla, no lo hizo. Sedesol sigue siendo una mina de oro para los políticos que lejos de combatir la pobreza la han perpetuado para tener clientelas electorales a las cuales condicionan su apoyo a cambio del voto.

Las diferentes mediciones del Coneval muestran que la pobreza no sólo no disminuyó sino que aumentó. En la Secretaría de Hacienda, Meade permitió que la deuda siguiera creciendo a más de 400,000 millones de pesos, al igual que la inflación y los impuestos.

Recientemente, el virtual candidato dijo que México le debe mucho al PRI. Probablemente fue una proyección personal pues él le debe su candidatura, sin embargo, es lamentable que una persona de su capacidad diga esto. Quizás en parte tenga razón. Al PRI le debemos décadas de saqueo interminable desde todos los niveles de su estructura piramidal: a nivel local, estatal y federal (como muestra están los casos de corrupción de todos los últimos gobernadores que supuestamente representaban una nueva generación).

No basta ser un hombre bueno y parecer decente si estás rodeado de una mafia que te impedirá ser disruptivo y apostar por transformaciones profundas. El país necesita liderazgo con determinación para repensar un sistema decadente. Mientras Meade siga defendiendo al presidente, a esta administración, al partido que representa y al sistema que lo propone, tendremos que desmentirlo una y otra vez. Para ser hay que ser, no sólo parecer.

Twitter: @armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.