El triunfo de Joe Biden en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos anuncia un claro desencuentro con el gobierno de la 4T. De vencer los obstáculos del intento golpista de la extrema derecha de ese país e instalarse en la Casa Blanca el próximo 20 de enero, su mandato representará un auténtico desafío para el proyecto de López Obrador, quien logró construir un entendimiento vergonzoso con el actual huésped de la Avenida Pensilvania.

El gobierno de Donald Trump ha sido tan disruptivo como la pandemia por Covid-19. Con su soberbia y autosuficiencia, impuso nuevos términos y límites en las relaciones internacionales. Sus políticas neo-mercantilistas causaron serias afectaciones al sistema mundial de comercio y nos acercaron peligrosamente a una guerra comercial abierta. Dañó gravemente las relaciones económicas y políticas con los aliados internacionales de su país y debilitó la presencia estadounidense en la geopolítica mundial, alterando los frágiles equilibrios previos, en beneficio de los rivales tradicionales de occidente.

Paradójicamente, este saldo desastroso ampliará los márgenes de acción de su sucesor, pues el experimento Trump sirvió para ensanchar el terreno de juego. Gracias a ello, Biden tendrá ahora una idea más precisa de dónde se ubica el desfiladero que delimitará sus acciones en cada tema. Está por verse si es capaz de sacar provecho de esta información.

El cambio de gobierno al norte de nuestra frontera debería ser una excelente noticia para México. La agenda ambiental juega un papel central en el proyecto económico de nuestros socios comerciales y la reconformación de sus alianzas, en medio de la pandemia, tienen un potencial favorable para México, especialmente por la cobertura que brinda el T-MEC. Pero la visión e ideología de la 4T corren en sentido contrario. Una agenda retrógrada, un gobierno anquilosado y rígido, transformarán la oportunidad en amenaza.

Lo que está ocurriendo en el sector eléctrico y energético en México brindan un claro ejemplo de los riesgos y oportunidades. La contrarreforma emprendida por la 4T conduce al país a un callejón sin salida. La pretensión de reinstaurar los monopolios públicos en la producción de energía y en la generación de electricidad, elevarán sus costos, agravarán el deterioro ambiental, minarán la competitividad económica de las empresas, producirán un grave descalabro a las finanzas públicas y precipitarán al país en costosos y graves conflictos con nuestros principales socios comerciales.

Y esto ocurre justo en el momento en que México tiene una oportunidad real de convertirse en jugador relevante en este sector, pues no solamente tiene un gran potencial para el aprovechamiento de las energías del sol y el viento, sino que puede ser actor en una estrategia de reconfiguración del sector en América del Norte. Nuestro país tiene la viabilidad para transformarse en un centro de manufactura de las partes y componentes de las industrias de energías renovables, lo cual brindaría a sus ciudadanos oportunidades de empleos bien remunerados y beneficiaría a la estabilidad de la economía mexicana, al impulsar una mayor diversificación sectorial de la misma.

Tras la amenaza naranja y la devastación de la pandemia, se perfila la reconfiguración geográfica de las cadenas globales de valor. Se dibuja una clara tendencia hacia una mayor autosuficiencia al interior de los principales bloques económicos del mundo (Europa, Asia y Norteamérica). Los bajos niveles salariales, sus acuerdos comerciales, su ubicación geográfica y sus probadas capacidades de manufactura, otorgan a México una posición privilegiada entre las economías emergentes para consolidar su posición en América del Norte, siempre y cuando el gobierno de la 4T no nos descarrile.

Por desgracia, el niño viene torcido, como lo atestiguan las imágenes del noticiero nocturno de la PBS (Public Broadcasting Service) de la semana pasada. Tras enlistar la larga lista de mandatarios que felicitaron a Biden por su triunfo, aparecieron, como si se tratara de la lista de los fugitivos más buscados, las fotografías de los cinco remisos: Andrés Manuel López Obrador, Jair Bolsonaro, Kim Jong-un, Vladimir Putin y Xi Jinping. El premier chino abandonó el grupo al día siguiente, dejando solos a los cuatro jinetes del apocalipsis.

La cuota de membresía a este “selecto” grupo se encareció significativamente tras los desaires de López Obrador a los mensajes que le envió Biden a través de la embajada de México en los Estados Unidos. Y este jueves un demócrata distinguido, Bill Richardson, exgobernador de Nuevo México, reiteró la conveniencia de que el inquilino del Palacio Nacional felicite al ganador de los comicios en su país. No nos extrañe pues si Biden, eventualmente, le pague con la misma moneda en el futuro, cuando López Obrador intente acudir a él, con la cola entre las patas, para pedir apoyo financiero ante el naufragio económico del gobierno de la 4T.

Pero este desencuentro tendrá dos vías: hacia afuera con nuestros principales aliados comerciales y hacia adentro, en donde se profundizarán los diferendos con los gobiernos locales, los cuales observan angustiados cómo se diluyen las oportunidades económicas en las entidades bajo su responsabilidad y cómo se deterioran rápidamente las finanzas de sus gobiernos. No podemos dejar de preguntarnos: ¿Para qué tanto brinco, estando el suelo tan parejo?

*Investigadores nacionales del Conacyt, adscritos al Centro de Investigaciones Socioeconómicas de la Universidad Autónoma de Coahuila.