Para la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), las redes de valor alimentarias sostenibles poseen cuatro características distintivas: todos formamos parte de ella; en países como México, la alimentación representa gran parte de la economía; la producción de alimentos está estrechamente relacionada con el entorno y con los ciclos biológicos de animales y plantas; y la calidad de los productos alimentarios resulta difícil de controlar en uniformidad y caducidad

Las redes de valor conciben al consumidor como parte esencial de la red, ya que proporciona la información de las demandas del mercado.

Según el último informe The Sustainability Imperative, realizado por Nielsen, 66% de los encuestados globales pagarían más si los productos cubren factores relacionados con sostenibilidad: que sea orgánico, que la empresa sea amigable con el ambiente, o muestre compromiso social.

A su vez, las marcas de bienes de consumo con un compromiso con la sostenibilidad crecieron más de 4% a nivel global, mientras que las compañías que no la han hecho crecieron menos de 1 por ciento.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), sitúan a las empresas como pieza clave del desarrollo, ubicando sus contribuciones al mismo nivel que las realizadas por los países y la sociedad civil, otorgándoles el papel de agentes de desarrollo.

Entre los retos, se encuentran políticas de abastecimiento, producción y reciclaje responsables. Es reelevante analizar los impactos socioambientales que se generan en la proveeduría, gestionando los riesgos y oportunidades derivados de éstos.  No basta con que la actividad no cause impactos negativos, sino que debe ser positiva que cambien la forma de hacer negocios y mejoren el bienestar ambiental y social.

No basta con que ofrezcan productos y precios competitivos, también deben ser ambientalmente respetuosas y socialmente comprometidas, que en sus pilares encuentren la sostenibilidad.

En ese sentido, la FAO menciona que trabajar en la sostenibilidad es un objetivo estratégico para las empresas agroalimentarias, ya que determinar el acceso a los mercados e incrementa la competitividad, tal como el estudio de Nielsen demostró.

Una gestión sostenible de las redes de valor contribuye al cumplimiento de los ODS, incentivar un nuevo paradigma en la producción agroalimentaria y liderar una nueva oportunidad en los negocios sostenibles.

El desarrollo no es un fin, es  un  proceso de adaptación, aprendizaje y trabajo, que  reconoce y comprende las interrelaciones que existen entre la economía, la sociedad y el ambiente, lo que lo hace un proceso abierto, pero al que vale la pena sumarse.

*Ivonne Odette Serrano Ríos es especialista de la Subdirección de Pesca, Forestal y Medio Ambiente. La opinión aquí expresada es de la autora y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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