La pandemia de coronavirus ha sido un mazazo para la humanidad. El golpe llegó con doble efecto: intenso e inesperado. Si hace algunos meses nos hubieran contado sobre periodos de aislamiento, indicadores económicos equiparables a la Gran Depresión, fronteras cerradas, personal médico vestido como astronauta y, muy tristemente, amigos y familiares de quienes no fue posible despedirnos ni desde un féretro... al menos yo no lo hubiera creído.

Como un golpazo que descoloca, hay transformaciones que apenas imaginamos. En mi opinión, el término “nueva normalidad” se arraigó fácilmente porque intuimos que el mundo no será el mismo, tendrá a partir de esta pandemia cambios radicales, irreversibles. Al respecto, resulta revelador un reciente estudio de The New York Times (junio, 2020) en el que algunos epidemiólogos sentencian que no volverán a recibir un paquete o correo sin precauciones, no darán nunca más la mano ni se ejercitarán en un gimnasio.

Una encuesta de la transnacional EY muestra que los mayores cambios los realizaremos en la manera de viajar, en el medio y el tipo de compras que efectuamos, en la forma de convivir, en cómo mantenemos nuestra salud, nos entretenernos, la manera de comunicarnos y de comer. Esos son los comportamientos señalados con mayor impacto, a aunque también se esperan cambios en el consumo de información, las dinámicas laborales, el ejercicio, cuidado del hogar, uso de la tecnología, interacción con los bancos y hasta en la educación de los hijos.

Algunas de las novedades más inmediatas se advierten en el consumo, donde uno de los sectores más afectados ha sido el turismo y en general las dinámicas en exteriores. Disminuyó drásticamente la compra de ropa y accesorios, aunque creció la adquisición de básicos que nos permiten estar más cómodos en el hogar. Disminuyó sensiblemente la compra de artículos de lujo, coches, naturalmente los servicios y refacciones automotrices así como los muebles, siempre que no sean los de oficina, porque nos hemos hecho de más mobiliario que facilite el trabajo en casa.

El consumo que se disparó fue el de alimentos, medicamentos, productos de limpieza, tecnología y aquello que nos permite entretenernos dentro del hogar.

Naturalmente, tenemos muchas ganas de volver a salir. Por eso no extraña, nos lo dice el mismo estudio de EY, que las principales categorías en la que pensamos gastar después de la pandemia son vacaciones, tiempo libre, comidas y restaurantes. Nos lo decía recientemente el secretario de Turismo de Tamaulipas: “viajar será volver a empezar”.

De igual manera, tenemos ganas de consumir aquello que ahora se encuentra limitado como la moda y el calzado, la comida fresca y fría, artículos más costosos.

Como cada quien sus deseos, yo especialmente quiero vacaciones cerca de mis padres y tacos sinaloenses. Varias caminatas en la playa, entre otros motivos para seguir dibujando los cambios que nos esperan, muchos de ellos ahora insospechados derivados de un efecto en cadena. Cambios y más cambios que sólo pueden ser leídos en un libro que no se ha escrito.

Twitter: @VicenteAmador

Vicente Amador

Maestro en Comunicación

Historias que se cuentan

Consultor de Comunicación, Asuntos Públicos y Estrategia Política.

Lee más de este autor