El presidente López Obrador demostró con hechos su desinterés y desconocimiento por la política exterior.

Una combinación de su nula empatía con las víctimas de Nicolás Maduro y su claro distanciamiento con el área de Derechos Humanos de Naciones Unidas, provocaron el hundimiento de la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) celebrada el pasado sábado en la Ciudad de México.

Por si fuera poco, la mala suerte jugó en contra del presidente mexicano. Los malos resultados sufridos por el partido del presidente argentino en las elecciones primarias generales destaparon una batalla campal entre Alberto Fernández y Cristina Fernández. Desde Buenos Aires, la crisis terminó por ensombrecer el guion de la cumbre en México ya que el presidente de Argentina, el gran aliado internacional de Andrés Manuel López Obrador, tenía previsto convertirse en el segundo protagonista de la reunión de presidentes, pues recibiría la estafeta de la CELAC para presidirla durante el 2022.

Alberto Fernández canceló su viaje y su canciller, Felipe Solá, se enteró en el aeropuerto de El Salvador, que regresando de México, tendría que entregar su renuncia a petición de Cristina Fernández para presionar al presidente. Indignado, Solá envió su renuncia desde México y no participó en la cumbre de la CELAC.

No puede haber peor noticia para cualquier presidente demócrata que el protagonismo de una cumbre se la arrebate un dictador. Nicolás Maduro robó cámaras en el momento en el que confirmó que estaba aterrizando en el aeropuerto de la Ciudad de México.

En septiembre de 2020, la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, presentó un informe elaborado por la misión independiente de las Naciones Unidas para Venezuela. Los integrantes de la misión señalaron que el “Estado venezolano debe de exigir cuentas a las personas responsables de las ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias y torturas” (https://news.un.org/es/story/2020/09/1480562).

El estudio identifica “patrones de violaciones y crímenes altamente coordinados de conformidad con las políticas del Estado” y añade que “parte de un curso de conducta tanto generalizado como sistemático, constituyendo así crímenes de lesa humanidad”.

El error cometido del presidente mexicano fue aprovechado por los presidentes de Paraguay y Uruguay. Uno recordó que no reconoce a Maduro como presidente de Venezuela y el otro condenó las atrocidades cometidas durante su gestión en materia de derechos humanos. 

Desde Washington, Luis Almagro probablemente brindaba con champán el fracaso de una idea que nació muerta de parte del presidente de México: la desaparición de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Lo malo de generar expectativas es cuando se confrontan con la realidad. El presidente de Costa Rica defendió al único organismo continental. También lo han hecho otros países, por ejemplo Colombia.

El momento fantástico aportado por el presidente López Obrador es cuando menciona su interés por construir un mecanismo similar a la Unión Europea.

Nadie le ha dicho al presidente que, para hacerlo, necesita ceder soberanía y poner el tema de los derechos humanos como basamento del organismo. La unión de los 27 países europeos equivale a la creación de entes supranacionales en materias económica, legislativa y judicial.

No es posible organizar una cumbre de la CELAC y no hablar de la existencia de tres dictaduras latinoamericanas. No es posible querer marginar a la OEA si la región ha manifestado su división sobre el tema. No es posible imitar a la UE si no se quiere ceder soberanía.

La política exterior de AMLO es indolente y fantástica.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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