Como lo anticipó el mercado, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) elevó la tasa objetivo en +25 pb para establecerla en el rango de 0.50-0.75 por ciento. Este incremento marca la primera alza en lo que va del año y la segunda desde el 2006, mostrando que la política monetaria ha permanecido acomodaticia durante un largo periodo.

La decisión se toma después de recibir datos altamente positivos en términos de empleo e inflación, pues la tasa de desempleo se posicionó en 4.6%, para un mínimo de nueve años, mientras que la inflación alcanzó un máximo de 25 meses, ubicándose en 1.6%, aún ligeramente por debajo del objetivo de largo plazo. Muy probablemente la decisión del Comité incorporó escenarios de política fiscal expansiva que pudieran presionar la inflación y generar empleos.

El presidente electo Donald J. Trump ha prometido una política fiscal expansiva, a través de la disminución de impuestos y el incremento en el gasto gubernamental. Esto representa un estímulo a la economía, que genera empleos e inflación.

Cuando la Reserva Federal disminuye las tasas de interés para expandir la oferta monetaria, se genera el mismo tipo de estímulo, de forma que el estímulo monetario puede ser sustituido por un estímulo fiscal sin afectar la inflación y el empleo, de hecho, las proyecciones para el PIB de la Reserva Federal se mantuvieron constantes (en 2% a/a), por lo que podemos concluir que piensan que la normalización de la política monetaria contrarrestará el crecimiento adicional a la economía de los Estados Unidos generado por la política fiscal antes descrita.

Hay que considerar que el pleno empleo en EU se ha visto beneficiado por una disminución en la tasa de participación, pues algunos trabajadores han abandonado la fuerza laboral ante falta de oportunidades; sin embargo, la tasa de subempleo, que incorpora esta situación, también ha disminuido. Por lo que podríamos decir que si bien aún no es un nivel de pleno empleo, se está acercando a él.

Derivado del incremento en tasa objetivo de la Fed, la Junta de Gobierno de Banco de México aumentó el objetivo de la tasa de interés interbancaria a un día en +50 puntos base para un nivel de 5.75 por ciento.

Desde diciembre del 2015 la Junta ha incrementado la tasa en 275 pb, mientras que la Reserva Federal sólo 50 pb. Así, la postura relativa de política monetaria se ha expandido en 225 pb.

Banxico busca limitar el impacto que pudiera tener la normalización de la política monetaria de EU sobre el tipo de cambio y por transitividad sobre la inflación, ya que mayores tasas de interés vuelven más atractivos los instrumentos norteamericanos y, por lo tanto, se demandan más dólares.

Lo anterior genera una apreciación del dólar frente a las demás monedas, de tal manera que el Banco de México tiene que reaccionar con un alza igual o superior a la de la Fed para combatir la depreciación. En este caso, el alza de Banxico fue más que proporcional e incluso con esto no se logró contrarrestar a 100% la depreciación generada por la decisión de la Fed.

La inflación general en noviembre se ubicó en 3.3%, dentro del objetivo del Banco de México, que podría seguir aumentando si el tipo de cambio continúa depreciándose.

Esperamos que los aumentos por parte del Banco de México sean proporcionales a los de la Reserva Federal, una vez que la depreciación deje de erosionar los rendimientos de las inversiones en el país.

La Reserva Federal necesita aprovechar esta oportunidad porque por años ha atrasado el incremento en tasas por una economía global que sigue sin recuperarse y presiones deflacionarias que no terminan de disiparse. Dado que en los últimos ciclos económicos los países desarrollados han enfrentado más presiones deflacionarias que inflacionarias, una tasa cercana a cero deja sin herramientas a los bancos centrales para combatir periodos adversos.

Además, el costo de un estímulo monetario es la disminución en la productividad del país, por la baja rentabilidad que se le exige a los proyectos de inversión ya que el financiamiento es barato. El estímulo fiscal también tiene un costo, que es el endeudamiento para las generaciones futuras.

*Ana María Tellería es analista Cuantitativa Senior y Martín Hernández es analista Bursátil en Signum Research.