Los mercados financieros permanecerán anclados, sensibles y vigilantes a los acontecimientos en Grecia, sin importar que las salidas factibles para solventar la crisis, que no deriven en un incumplimiento o cuando menos una moratoria de pagos, son prácticamente inexistentes. Argumento que hemos sostenido en este espacio desde semanas atrás y que con el pasar del tiempo se hace cada vez más evidente para muchos.

Y es que la tragedia griega continuará gozando de un elevado rating de audiencia, no porque exista la incertidumbre entre los espectadores respecto del desenlace final, si no por la importancia que reviste la manera como ocurran los acontecimientos en el acto final. Y es que el éxito que logre la alianza BCE-FMI, con sus paquetes de re-refinanciamiento, acompañados obviamente de sus respectivas medidas de ajuste fiscal, será determinante para lograr presentar ante el público un inesperado acto de magia (o más exactamente ilusionismo) que transforme el burdo incumplimiento en una forma benigna de moratoria ordenada, basada en acuerdos supuestamente consensuados entre deudor y acreedores.

Un acto final que implique menores desafíos para el sistema financiero internacional, gracias al maquillaje de la incuestionable y cruda verdad que hoy enfrenta un país que vivió una ilusoria bonanza y que terminó sumido en una insostenible crisis fiscal, que lo ha llevado al colapso económico, dejándolo insolvente e incapaz de honrar sus compromisos.

De tal manera que para los mercados, el punto relevante respecto de la crisis Griega se reduce a conocer si el incumplimiento ocurrirá de forma ordenada y manejable o si, por el contrario, presenciaremos un terremoto financiero con epicentro en Atenas, que generará fuertes ondas de choque que impactaran gravemente todo el sistema bancario y financiero europeo e incluso mundial.

Afortunadamente, el estado actual de las cosas continúa brindando esperanza sobre la capacidad del BCE y el FMI de evitar el desenlace indeseado.

La semana pasada el gobierno griego logró ganar el voto de confianza ante su propio pueblo, sea lo que sea que ello signifique y los ministros de Finanzas de los países de la eurozona lograron aprobar una estrategia fiscal de medio plazo para Grecia, que esta semana deberá ser ratificada por el propio Parlamento griego.

En el caso de que se logre la aprobación interna del plan fiscal, un acto más que contará con toda la atención del mercado durante la semana en curso, se procederá a una nueva liberación de recursos en julio 3.

Y tan sólo dos semanas después, se daría a conocer un nuevo paquete de refinanciamiento. Con estos dos pasos concretos se lograría el objetivo intermedio de comprar tiempo y credibilidad, dos factores vitales en el tortuoso camino necesario para alcanzar la gloria del desenlace menos trágico.

Una vez que concluya el acto final y suponiendo que se logra construir el escenario benigno, podemos esperar que la atención se dirija inmediatamente sobre un reacomodo en el valor relativo entre las monedas más fuertes, especialmente en el cruce dólar/euro (y eventualmente, ante una desintegración del euro, el valor relativo entre los nuevos marcos, francos, liras, dracmas, etcetéra, etcetéra) y por extensión natural, el cambio en el valor relativo del oro.

Evidentemente si tan sólo se tratara del euro, es factible pronosticar que éste se devaluaría y perderá peso en el concierto internacional (incluso si ocurriera la expulsión de Grecia de la unión monetaria, eventualidad que es muy probable que ocurra), mientras que el precio del oro reanudaría su tendencia alcista.

En el segundo caso, el que involucra una desaparición del euro como moneda común sería más incierto el escenario, pues cada moneda local debería buscar su senda de valor, un proceso que tomará algún tiempo.

*Carlos F. Pinilla es VP de Análisis y Estrategia de Mercados de Total Value Group. [email protected] totalvaluegroup.com