En las últimas semanas los mercados financieros han frenado un fuerte avance, creado por una ultra flexible política monetaria en muchos países, pero especialmente en Estados Unidos y Europa.

El punto de quiebre fue un cambio de tono inesperado en el discurso del Presidente del Banco Central Europeo, quien creó ondas de choque en los mercados de divisas alrededor del mundo, lo cual ha resultado en un importante repunte del dólar.

El valor de dólar es una señal crítica en los mercados financieros actuales, pues ha servido como un insuperable termómetro para medir su capacidad de avance.

La racionalidad detrás de esta causalidad es simple: la política monetaria de la Fed, ha generado amplia liquidez y, a la vez, ha depreciado el valor de la moneda, convirtiéndola en una fuente de financiamiento barato que en ultima instancia es usada para inundar diversos mercados financieros, impulsando los precios de los activos en cuestión.

Es por ello que, en las condiciones actuales, cuando el dólar incrementa su valor se genera un cambio en la estructura básica de la operación.

Por una parte, el costo de la fuente de financiamiento se incrementa, pero a la vez -y mas perjudicial aún- se refleja un potencial cambio en las expectativas del mercado sobre la política monetaria (las tasas de interés futuras específicamente), que finalmente origina una liquidación de activos que deteriora los precios.

En términos muy técnicos, el dólar es actualmente una moneda de fondeo de carry trades.

Y es esto lo que justamente ha ocurrido en las últimas semanas.

Mientras los mercados accionarios y de materias primas pierden la solidez de sus tendencias alcistas, el dólar se ha recuperado, apoyado por los nuevos discursos de Trichet y Bernanke, que han sido entendidos como un mensaje telegrafiado de un potencial cambio en las reglas del juego.

Así las cosas, la pregunta más pertinente es: ¿Estamos entonces ante un cambio de tendencia o es simplemente un descanso en el avance?

La respuesta dependerá de que camino decida tomar la Fed, una vez se agote la llamada QE2 (la campaña actual de inyección de recursos frescos al sistema económico).

Si la Fed decidiera iniciar una QE3, es decir una inyección adicional de recursos, los mercados tendrían unos meses más de avances, basados en las mismas premisas mencionadas antes.

Sería una extensión adicional de las QEs con sus mismas virtudes, pero con un potencial efecto multiplicador de sus vicios.

Implementar la QE3 es tentador, dadas las condiciones de lenta recuperación económica en un ambiente político complicado que avanza rápidamente hacia el periodo electoral.

Pero el riesgo radica en que extendería e incrementaría los desbalances que está creando: una sobreevaluación artificial de múltiple activos, llevando los precios aún más lejos de su valor de equilibrio y, por lo mismo, creando condiciones para que su caída de ajuste, que invariablemente se presentará, sea más violenta y pronunciada. Es inflar un poco más la burbuja antes de dejarla explotar.

*Carlos F. Pinilla es VP de análisis y estrategia de mercados de Total Value Group. [email protected]