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Universidades mexicanas enfrentan desajuste frente al mercado laboral

México forma más universitarios, pero mantiene una brecha creciente entre las carreras elegidas, las habilidades emergentes y el talento especializado que demandará el mercado laboral en los próximos años

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Jóvenes se preparan en distintas profesiones para responder a un mercado laboral que exige nuevas habilidades y especialización.Shutterstock

Patricia Ortega

México forma cada vez más universitarios, pero el mercado laboral se mueve en otra dirección. La discusión ya no se limita a cuántos jóvenes acceden a la educación superior, sino a qué estudian, con qué habilidades egresan y qué tan vinculadas están esas carreras con una economía marcada por inteligencia artificial, automatización, transición energética y envejecimiento poblacional.

El diagnóstico del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) es contundente: 46% de la matrícula universitaria del país sigue concentrada en diez carreras tradicionales y, si la tendencia no cambia, hacia 2050 México podría formar a 28.7 millones de profesionistas en áreas con baja demanda laboral. Para Sebastián Corona, investigador de Sociedad Incluyente del IMCO, el problema no es estudiar una licenciatura, sino elegir sin suficiente información sobre empleabilidad, ingresos, informalidad y retorno de inversión.

La elección quedó atrás

Derecho, Administración, Contabilidad, Psicología e Ingeniería Industrial continúan entre las carreras más estudiadas. Aunque ganan terreno programas como Desarrollo de Software, el cambio aún es parcial. Corona advierte que los hombres han avanzado más hacia carreras STEM, mientras las mujeres permanecen mayoritariamente en opciones tradicionales como Administración, Derecho, Contabilidad y Enfermería.

Esa concentración no responde sólo a preferencias individuales. En México, la decisión de estudiar una carrera está muy influida por el entorno familiar: el oficio de los padres, la experiencia de un tío o el prestigio histórico de ciertas profesiones. El problema, explica Corona, es que esos referentes se construyeron en un mercado laboral distinto.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), retomada en el análisis del IMCO, ha advertido que las expectativas laborales de los jóvenes cambian con lentitud y no siempre guardan relación con la demanda real de empleo. El reto empieza antes de la universidad: orientación basada en datos, exposición temprana a sectores productivos y conocimiento de nuevas profesiones.

Universidades frente al cambio

La brecha también se origina en la oferta educativa. Corona señala que abrir carreras tradicionales es menos costoso para muchas instituciones que crear programas en ciencia de datos, inteligencia artificial, energías renovables, biotecnología, ciberseguridad o ingeniería especializada. Las primeras pueden operar con estructuras ligeras; las segundas exigen laboratorios, software, vinculación empresarial y profesores especializados.

Ese rezago ocurre cuando el empleo global atraviesa una recomposición acelerada. El Foro Económico Mundial prevé que millones de puestos se crearán y otros desaparecerán hacia 2030, con mayor demanda de habilidades asociadas a inteligencia artificial, big data, ciberseguridad, alfabetización tecnológica, pensamiento creativo, liderazgo y resiliencia, de acuerdo con el reporte citado por el IMCO.

La discusión también se ha instalado en universidades de prestigio internacional. Stanford ha documentado el avance de la inteligencia artificial como factor de transformación en el trabajo, mientras que el MIT, mediante su iniciativa Work of the Future, ha insistido en que el impacto de la tecnología sobre el empleo depende de decisiones empresariales, educativas y de política pública. Esa lectura coincide con el llamado del IMCO: México necesita actualizar su oferta académica con velocidad.

El título ya no basta

El mercado laboral envía otra señal: el título universitario conserva valor, pero ya no garantiza por sí solo una inserción competitiva. El IMCO advierte que la distancia entre egresados y titulados prácticamente se duplicó entre 2011 y 2025, en un contexto donde las empresas comienzan a priorizar habilidades y experiencia práctica.

Harvard Business School ha estudiado el avance de la contratación basada en habilidades. El fenómeno no implica la desaparición de la universidad, sino una presión creciente para que los programas acrediten competencias concretas y no sólo años de escolaridad. Las empresas revisan cada vez más lo que una persona sabe hacer: resolver problemas, programar, analizar datos, comunicarse, operar herramientas digitales o adaptarse a procesos cambiantes.

Para Corona, la licenciatura tenderá a ser más flexible, modular y complementada por educación continua. Programas de tres años, certificaciones cortas, microcredenciales y cursos especializados comienzan a convivir con los modelos tradicionales. El IMCO propone avanzar hacia programas más breves, formación no tradicional con enfoque regional y orientación vocacional basada en evidencia.

Si la universidad tarda en adaptarse, el estudiante buscará por fuera lo que el plan de estudios no le ofrece: análisis de datos, inteligencia artificial generativa, marketing digital, programación, gestión de proyectos o idiomas técnicos. La educación superior seguirá siendo valiosa, pero deberá demostrar mayor pertinencia frente a un empleo que cambia antes de que una generación complete su carrera.

Técnicos y futuro productivo

Una de las alertas más importantes del IMCO está en la formación técnica. Mientras las licenciaturas crecen, el país corre el riesgo de perder alrededor de 100,000 egresados técnicos por década y llegar a 2050 con 300,000 menos que en la actualidad. Esto ocurre cuando industrias como manufactura, energía, logística, mantenimiento, salud y tecnologías aplicadas requieren perfiles especializados.

La formación técnica ofrece ventajas claras: menor duración, costos más contenidos y mayor cercanía con prácticas profesionales y empresas. Sin embargo, sigue cargando con un estigma social que la presenta como una ruta de menor valor, cuando ofrece mejores condiciones de empleabilidad que algunas licenciaturas saturadas.

La brecha de género también importa. Si las mujeres permanecen concentradas en carreras tradicionales y tienen menor entrada a áreas STEM, México desperdicia talento y profundiza desigualdades en sectores donde estarán los empleos mejor remunerados y con mayor crecimiento.

El mensaje es doble. Para los jóvenes, estudiar sigue siendo una buena inversión, pero elegir carrera ya no puede hacerse con información del pasado. Para las universidades, el crecimiento de la matrícula será insuficiente si no viene acompañado de pertinencia, flexibilidad y relación con el aparato productivo. México enfrenta una carrera contrarreloj para conectar las aspiraciones educativas con el futuro del trabajo.

Patricia Ortega

Coordinadora de Operación Editorial de Suplementos y Ediciones Especiales de El Economista. Licenciada en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México. Estudió una especialización en Periodismo Económico en la Universidad de Miami, auspiciada por la Fundación Reuters. Ganadora del premio por la "destacada cobertura en finanzas verdes", entregado por la BMV y el Consejo Consultivo de Finanzas Verdes. Ha sido analista de mercados, editora de finanzas y creadora de ranking de negocios, responsabilidad social y mercados, y ha trabajado en la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas, Reforma, Excélsior, Mundo Ejecutivo, Expansión, Fortuna, Infosel y Economática.

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