Londres. El gigante petrolero inglés BP ciertamente sabe cómo perforar un pozo profundo. Pero, ¿sabe cómo salir de uno?

BP está en las cuerdas. El dividendo a sus accionistas tuvo que ser cancelado. El precio de las acciones se ha desplomado y hay escasas señales de que el catastrófico derrame del Golfo de México se está solucionando.

Si la compañía no empieza una contraofensiva pronto, no tendrá un futuro. Podría empezar por contratar al exprimer ministro británico, Tony Blair, como Presidente del Consejo, acercándose al coloso energético ruso Gazprom para negociar una fusión y empleando a experimentados ejecutivos de la industria del tabaco, los cuales le podrían indicar el curso de acción cuando se es la empresa más impopular del planeta.

La contratación de Blair es clave. BP debe elevar su eficacia comunicativa en 1,000 por ciento. El presidente del Consejo, Carl-Henric Svanberg, sirve tanto como una bailarina en una plataforma petrolera .

La pregunta es ¿por qué un político? Ésta es en esencia una crisis política y Blair es un brillante comunicador, lo aman en EU y colabora con JP Morgan.