Las actividades rutinarias de Donald y Melania inician por separado desde las 5:30 de la mañana, cuando el presidente generalmente se despierta para ver noticias en la televisión de cable y, por supuesto, para tuitear.

Desde su propia habitación, la primera dama se despierta un poco más tarde. Acto seguido ayuda a su hijo de 12 años a prepararse para ir a la escuela, incluyendo la revisión de que lleve su tarea dentro de la mochila.

En medio del ruido y del escándalo en el caso del pago a la actriz porno Stormy Daniels, Melania Trump ha tratado de llevar una rutina poco tradicional al interior de la Casa Blanca. Ella no ha abordado públicamente el caso, incluyendo también el de otra mujer, Karen McDougal.

El lunes pasado ocurrió algo impensable hasta hace algunas semanas. Melania convocó una conferencia de prensa en el White Garden Rose Garden para revelar su proyecto inmediato: “Be Best”, una campaña centrada en los niños y destinada en luchar contra el abuso de opioides y el acoso en internet.

Los matrimonios políticos tienden a ser complejos; sin embargo, sorprende que los Trump hagan poco esfuerzo para proyectar una unión sólida entre ellos.

Aunque ambos son muy conscientes del poder de las imágenes, algunos de sus momentos públicos memorables han sido incómodos, por ejemplo, cuando Melania sorteó la mano de Trump.

“Es una persona digna y reservada y tratará su vida privada en privado”, dijo Stephanie Winston Wolkoff, una amiga de Melania. “No son esa pareja que se toma de las manos sólo porque sí; ella es europea, es auténtica”.

Los Trump suelen estar separados, inclusive, durante su tiempo libre, según varias personas que conocen los horarios de la pareja. En Mar-a-Lago durante las vacaciones y los fines de semana, el presidente juega golf y cena con políticos, ejecutivos de negocios y personalidades de los medios de comunicación en una terraza, mientras que a Melania no se le ve. Lo mismo ocurre en la Casa Blanca, la pareja no suele comer junta.

Según varias personas que conocen a la pareja, esa independencia parece haberse ensanchado bajo el techo de la Casa Blanca, especialmente desde que Daniels, una estrella porno cuyo verdadero nombre es Stephanie Clifford, así como Karen McDougal, una modelo de Playboy, hablaron públicamente de sus supuestas relaciones con Trump estando ya casado con Melania. Daniels recibió 130,000 dólares durante la campaña por parte de un abogado de Trump para dejar de hablar sobre el asunto.

De regalo, “una hermosa tarjeta”

Una anécdota incómoda ocurrió el pasado 26 de abril, cuando Trump llamó al programa de televisión Fox & Friends para revelar que ese día Melania cumplía años. El presidente terminó hablando sobre el caso de la actriz porno. Uno de los conductores del programa le preguntó qué le había regalado a su esposa. Después de una pausa, Trump respondió: “Tal vez, no le regalé demasiado. Le regalé una hermosa tarjeta, ya sabes que estoy muy ocupado para salir corriendo en busca de regalos”.

Según varios miembros del personal de la Casa Blanca, Melania ha construido un muro invisible entre el ala este, donde está renovando su oficina y goza de creciente popularidad, y el ala oeste, donde su esposo e Ivanka Trump tienen sus oficinas.

“Pocas veces pone un pie en el ala oeste”, dijo una fuente.

Sin embargo, muchos analistas políticos creen que Trump necesitará a Melania a su lado si quiere volver a ganar en el 2020.

Trump es el único presidente que se ha casado tres veces. Melania tiene 48 años y el presidente tiene 71.

Ivanka, de 36 años, y Melania, ambas exmodelos, no tienen una relación cercana y son muy diferentes una de la otra, aseguran varias personas que las conocen.

Laura Bush estableció el Festival Nacional del Libro y utilizó sus viajes al extranjero para hablar sobre el VIH/SIDA y Michelle Obama promovió la educación de las niñas a nivel mundial y comenzó un movimiento para que los niños hicieran ejercicio y se alimentaran de manera sana.

El personal de Melania en la Casa Blanca es inusualmente pequeño; 10 personas, la mitad del equipo que tuvo Michelle Obama.

Melania tomó prestados libros de la Asociación Histórica de la Casa Blanca para estudiar el papel de la primera dama. La información le sirvió para preparar el proyecto “Be Best”.

Varias encuestas han demostrado que, a medida que Melania se vuelve más visible, su popularidad va en aumento. En muchos sentidos, la imagen que proyecta es la menos parecida a la de todos los Trump.

Mientras que el presidente se burla de sus enemigos políticos en Twitter a través de apodos despectivos, Melania llama al ciberacoso como un “mal”.

En marzo, Melania invitó a altos ejecutivos de Twitter, Facebook y otras compañías tecnológicas a la Casa Blanca para mantener una reunión sobre el tema.

“Me han criticado que yo aborde este tema, pero sé que es lo correcto”, comentó al inicio de la reunión. “Tenemos que encontrar una mejor manera de hablar con el otro y de respetarnos mutuamente”.

Stephen Balkam, fundador y CEO del Family Online Safety Institute, estaba sentado junto a la primera dama. “Fueron unas palabras muy notables”, dijo. “Me complació que se dirigiera al elefante de la habitación”, en clara referencia a Trump.

En febrero, horas después de que el New Yorker destapara la historia sobre el supuesto romance de Trump con McDougal, Melania no caminó junto a Trump a través del South Lawn de la Casa Blanca para abordar Marine One.

Recientemente, Trump envió un correo electrónico a gente cercana y les comentó: “No sería el hombre que soy hoy sin ella a mi lado”, dijo. “Mi esposa hermosa es bondadosa y excepcional”.

Durante meses ha circulado el rumor de que Melania ya no vive en la Casa Blanca. “Es 1,000% falso. Nos reímos de eso todo el tiempo”, comenta Stephanie Grisham, vocera de Melania.

Por lo pronto, ya sabemos cómo quiere ser recordada Melania en el futuro: “Be Best”.