Hace una semana, el sitio de noticias Observer publicó un artículo que presenta una extensa argumentación de por qué Mark Zuckerberg dueño de Facebook sería el candidato idóneo del Partido Demócrata en las elecciones del 2020, en un escenario donde Donald Trump se postularía por el Partido Republicano para ser reelegido a la presidencia de Estados Unidos. El artículo, interesante per se, cobra mayor relevancia por dos hechos que lo rodean: el Observer fue propiedad del primer yerno de la nación Jared Kushner esposo de Ivanka Trump hasta enero del 2017 y apoyó la campaña de Donald Trump durante el 2016.

La lógica central del artículo es que para ganar la lucha por la presidencia a un empresario, es necesario oponerle otro empresario mejor. En el comparativo empresario versus empresario, el septuagenario empresario/presidente pierde por nocaut en el primer asalto: el joven Zuckerberg tiene un fortuna mayor que la de Trump. Y hay más: Facebook no sólo está en la vanguardia de los negocios, sino que es la vanguardia de los negocios, a diferencia del rancio sector inmobiliario en el que operan las empresas de Trump. Por lo demás, se esgrimen motivos comunes a toda candidatura presentada por un empresario a un cargo público: el poseer una fortuna le inmuniza contra la corrupción, el éxito de sus negocios demuestra que es apto para administrar un país y un empresario se rige por las acciones y no por los discursos.

Otra de las razones que se ofrecen para apuntalar una eventual candidatura del CEO de Facebook a la presidencia de Estados Unidos es el descrédito que tienen los políticos y la política entre la población. Y aquí otra característica que compartiría Zuckerberg con Trump: vendría de fuera del sistema político, tal y como se vendió en su momento Trump al electorado. Por si las virtudes de Zuckerberg fueran pocas para los demócratas a quienes va dirigido el artículo , aún queda la de la popularidad: el joven empresario es conocido a nivel planetario, mientras que los militantes del partido con posibilidades de alcanzar la candidatura presidencial gozan menos del favor de las masas o son francamente desconocidos, y se citan los casos de Bernie Sanders, Joe Biden, Kamala Harris y Seth Moulton, entre otros.

No obstante el cúmulo de argumentos presentados por el artículo del Observer, la historia de los presidentes de Estados Unidos no le apoya. Antes de Donald Trump, la Casa Blanca ya había albergado a empresarios, y las encuestas muestran que no tuvieron el mejor desempeño del conjunto de los presidentes estadounidenses. Una encuesta realizada entre 47 historiadores por el Instituto para el Estudio de las Américas con sede en Reino Unido en el 2010 para determinar cuáles fueron los mejores y peores desempeños de los mandatarios estadounidenses, colocó entre las peores administraciones a las encabezadas por empresarios.

La experiencia internacional tampoco apunta a que los empresarios sean las mejores opciones para encabezar gobiernos. Silvio Berlusconi en Italia, Sebastián Piñera en Chile, Petró Poroshenko en Ucrania y Vicente Fox en México son experiencias en las que el paso del ámbito privado al público generó gestiones con desempeños que fueron desde mediocres hasta las acusadas de corrupción por conflicto de intereses.

Los hechos citados hasta aquí nos pueden dar pistas para responder a la pregunta de qué interés podría tener Observer en publicar un artículo en el que se hace una crítica a Trump y se propone a un personaje que podría vencerle en la contienda por la presidencia en el 2020.

Observer inció como una publicación semanal en 1987, y en el 2016 redujo su operación a su sitio online. La publicación iba dirigida a las élites de la ciudad de Nueva York, a las que aleccionaba con reportajes literarios. Tras problemas en su operación, fue comprado por Jared Kushner en el 2006 por una suma cercana a los 10 millones de dólares. Un artículo del The Hollywood Reporter, fechado en abril del 2017, señala que uno de los motivos de la compra del Observer por parte de Kushner fue hacerse con la influencia que tenía el diario. Con la victoria de Trump, Kushner anunció que vendería su participación en el sitio de noticias, y dejó al frente a su cuñado Joseph Meyer, el actual editor.

Si bien Observer ya no goza de la influencia que alguna vez tuvo, es importante señalar que es una publicación hecha por las élites para las élites. Pero las élites no son homogéneas.

Con Trump se evidenció que hay un fractura entre las élites políticas y las económicas. Las élites económicas han aprovechado hasta ahora el descrédito que tienen los políticos entre la población. El artículo del Observer en apoyo a una candidatura de Zuckerberg se sostiene sobre la erosión del ejercicio de la política por los políticos, postula para el ejercicio del poder político a un empresario.

Ya desde la Antigua Grecia los comerciantes fueron desdeñados para el ejercicio de las funciones públicas. El académico Jaime Alvar, en su brillante ensayo El contraideal del comercio , examina las razones de ello. Alvar apunta a que el fin del comerciante es el beneficio propio, por encima del bien común; esta postura es contraria a la necesidad de crear y mantener una comunidad que discuta y resuelva los problemas comunes, los asuntos públicos. Por el otro lado, un político alcanzaba prestigio y autoridad entre la comunidad gracias a su red de relaciones que, al mismo tiempo, le posibilitaban a alcanzar el poder político y fungían como freno para la acumulación de poder en su persona.

El artículo del Observer puede ser visto como la actualización de un problema añejo de la política. En la suma de las virtudes empresariales, se desliza la resta de las virtudes de la política. Zuckerberg, según el artículo, tiene a su favor que concentra el 30% de las acciones de Facebook, que por él han pasado la mayoría de las decisiones que han llevado al éxito a la empresa, y que actualmente su plataforma domina los servicios noticiosos. Es claro que se trata de una persona que entiende el poder como el ejercicio de una sola persona. En contraste, un político debe insertarse en las redes del poder, lograr consensos, alianzas, y negociar con los contrapesos.

Lo que pone en relieve esta aparente contradicción en el Observer que pasó de apoyar a Trump a proponer a un contendiente capaz de ganarle es una cuestión simple: quien gane, no debe salir de las élites políticas, sino de las económicas. En una democracia bipartidista como la de Estados Unidos, infiere el Observer, en ambos bandos tendría que contender un aspirante surgido de las élites corporativas. Para el artículo no hay un político que se pueda oponer a Trump, y lo sostiene con un vaticinio a tener en cuenta: Donald Trump puede haber ganado la presidencia en 2016 por accidente, fraude o suerte, dependiendo de su visión del mundo. Pero no se equivoquen: su esfuerzo del 2020 estará mejor financiado, mejor organizado y mejor dirigido. Tendrá toda la fuerza de un partido republicano unido detrás de él .

Los Obama Barack y Michelle han guardado una distancia prudente de la política de Estados Unidos desde que dejaron la Casa Blanca. Obama, en el primer discurso que ofreció después de entregar el cargo a Trump, dijo que el gobierno del empresario inmobiliario significaría sólo una coma en la historia de Estados Unidos. El nombre de Michelle circuló entre los analistas políticos como el de alguien con altas posibilidades de hacerse de la presidencia de Estados Unidos. El artículo del Observer no hace mención nunca de ello en su recuento de los políticos demócratas con posibilidades de hacerse de la candidatura de su partido a la presidencia.

La omisión, voluntaria o no, de personajes venidos del ámbito político con fuertes posibilidades de enfrentar a la maquinaria autoritaria de Trump en las elecciones del 2020, y la prepostulación de otro empresario, es significativa. Kushner y su esposa Ivanka se han distinguido por moverse entre las élites con una agenda de lo políticamente correcto, que incluye a los derechos humanos y las libertades civiles, muy alineados con la la agenda de Zuckerberg. Las élites económicas tampoco son monolíticas, y se dividen también en un espectro ideológico más acotado: liberales y conservadores, pero capitalistas. Eso podría explicar su aparente ceguera ante alguien surgido de la política que pueda vencer en las elecciones del 2020 a Trump. Eso, si Trump no es destituido antes.

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