Berlín. La presión seguía creciendo en torno a Armin Laschet, el líder del partido conservador alemán, que no ha renunciado a ser canciller a pesar de los malos resultados electorales, y que perdió el día de ayer 28 de septiembre, el apoyo de sus aliados bávaros.

Laschet ha sido objeto de críticas y peticiones de dimisión por parte de su propio partido, la CDU, y también ha visto cómo su principal aliado, el partido hermano bávaro CSU, ha cortado los lazos con él.

El dirigente del SPD "Olaf Scholz tiene más posibilidades de ser canciller en este momento, claramente", dijo el líder del partido conservador bávaro CSU, Markus Söder.

El ministro-presidente bávaro se distanció así claramente de Armin Lasche --el candidato del partido de la canciller-- que hasta ahora aseguraba tener la intención de tratar de suceder a Merkel a pesar del segundo puesto obtenido el domingo.

Söder, que a principios de este año ambicionaba presentarse a la cancillería antes de verse obligado a retirarse en favor de Laschet, menos popular que él, declaró que "ningún mandato para gobernar puede legitimarse moralmente sobre la base de este resultado electoral" obtenido por los conservadores el domingo, el peor desde 1949.

Söder dijo que una coalición entre los socialdemócratas, los verdes y los liberales del FDP era la "primera solución obvia".

Laschet, que tiene fama de sobrevivir a las crisis, tenía previsto intentar construir una coalición con los Verdes y los liberales. Pero sin la contribución del partido bávaro, este escenario ya no parece posible. Fue el ministro-presidente de Sajonia, Michael Kretschmer, el primero en expresar críticas asegurando que "los votantes nos han dicho claramente: "la CDU no es nuestra primera opción"".

"Actuar como si no pasara nada nos llevará a la ruina", advirtió el líder de este antiguo estado de la RDA, derrotado el domingo por la ultraderecha.