Edimburgo. Primero fue el fracasado referéndum de independencia en el 2014. Después el Brexit. Ahora la pandemia de coronavirus acentúa las tensiones entre Escocia y el gobierno británico, pese a su voluntad común de superar la crisis sanitaria.

Su gestión de la epidemia impulsó los índices de popularidad de la primera ministra escocesa Nicola Sturgeon, pero paradójicamente la crisis resultante podría socavar la independencia de esta nación de 5 millones de habitantes que ella defiende ardientemente, señalan los expertos.

Tras adoptar al principio un enfoque común a todo el Reino Unido, pronto surgieron las diferencias sobre la mejor estrategia para frenar la propagación del virus, al que el país debe ya más de 33,000 muertes.

Y el plan del gobierno del primer ministro Boris Johnson para comenzar a relajar el confinamiento agrandó aún más la brecha.

Cuando Johnson anunció el domingo una flexibilización gradual y pidió a los británicos que puedan hacerlo que vuelvan a trabajar esta semana, Sturgeon advirtió que estas consignas no se aplican a Escocia.

“Permítanme ser franca sobre las consecuencias si hacemos esto. La gente morirá innecesariamente”, declaró a los periodistas en Edimburgo.

Muy dado a los eslóganes políticos, Johnson cambió su mantra de “quedarse en casa” por el de “permanecer alerta”.

Pero Sturgeon sigue llamando a los escoceses a no abandonar sus hogares.

Según una encuesta de YouGov,  71% de los escoceses creen que Sturgeon está tomando las decisiones correctas, contra 40% para Johnson.

Como resultado, su Partido Nacionalista Escocés (SNP) tiene el viento a favor y obtendría 51% de los votos si se celebraran ahora elecciones en Escocia, según el sondeo.

“La gente podría estar nerviosa sobre el avance de la independencia”, dice Chris Deerin, colaboradora de la revista escocesa New Statesman. Además, la pandemia también “podría afectar el apetito” por salir del Reino Unido.