Ciudad de México.

“Gracias presidente Andrés Manuel López Obrador por su trascendental discurso. Gracias, México, por su liderazgo y solidaridad. Ratificamos el compromiso invariable de Cuba con la integración regional, y con la condición de la América Latina y el Caribe como Zona de Paz”.

Así respondía el ministro de Exteriores cubano Bruno Rodríguez ante el principal eje discursivo del presidente AMLO durante la XXI Reunión de Cancilleres de la Comunidad de estados latinoamericanos y del Caribe (Celac) celebrado el sábado en el Castillo de Chapultepec.

Lo dicho por Bruno Rodríguez no era para menos. El presidente mexicano mencionó lo que el gobierno de Díaz-Canel quería escuchar: “Washington nunca ha dejado de realizar operaciones abiertas o encubiertas contra los países independientes situados al sur del río Bravo” y que “la influencia de la política exterior de Estados Unidos es predominante en América”.

Acto seguido apareció la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel faltaba la rosa a Cuba. El presidente mexicano dijo: “Solo existe un caso especial, el de Cuba, el país que durante más de medio siglo ha hecho valer su independencia, enfrentando políticamente a los Estados Unidos. Podemos estar de acuerdo o no con la revolución cubana, pero al haber resistido 62 años sin sometimiento, es toda una hazaña”, remató.

El presidente mexicano consideró que Cuba “merece ser declarada patrimonio de la humanidad” y nueva numancia por su ejemplo de resistencia” frente al embargo.

Era el día y el discurso ideales para enviar un mensaje a Estados Unidos desde el icónico Castillo de Chapultepec, escenario de una batalla ocurrida el 13 de septiembre de 1847 contra los estadounidenses donde un grupo de niños héroes se enarbolaron con la bandera de México antes de entregar su vida.

¿Adiós a la OEA?

Fue entonces cuando el presidente quiso recordar que la Organización de Estados Americanos (OEA) es un ente manejado por los estadounidenses; es necesario pensar en algo similar a la Unión Europea para fijar distancia con los vecinos del norte. En efecto una Unión de América Latina y el Caribe “apegado a nuestra historia, a nuestra realidad y a nuestras identidades”.

“En ese espíritu, no debe descartarse la sustitución de la OEA por un organismo verdaderamente autónomo, no lacayo de nadie, sino mediador, a petición y aceptación de las partes en conflicto, en asuntos de derechos humanos y de democracia”, propuso el presidente reconociendo que puede ser una utopía.

Este planteamiento fue rechazado el día de ayer por el gobierno de Colombia al defender la permanencia de la OEA, liderada por el uruguayo Luis Almagro, criticado recurrentemente por México.

“Pese a que algunas voces pidieron sustituir la OEA, defendí esta organización y propuse su complementariedad y convergencia con Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Asimismo, planteé que la cooperación extraregional debe incluir relaciones más estrechas con Bandera de Estados Unidos y Bandera de Canadá, como se han venido desarrollando con China”, detalló la canciller de Colombia Martha Lucía Ramírez en su cuenta de Twitter.

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