El peronista de centro-izquierda Alberto Fernández asumió este martes el mando de Argentina, ante la ovación de legisladores y de miles de argentinos que creen que "la esperanza" volvió al país.

"Recibimos un país frágil y golpeado. Apelamos al compromiso de todos los sectores", dijo Fernández tras jurar como presidente, en reemplazo del liberal Mauricio Macri, para un periodo de cuatro años.

Este abogado de 60 años, exjefe de gabinete de Néstor y de Cristina Kirchner entre 2003 y 2008, señaló, "tenemos que superar el muro del rencor y del odio, tenemos que superar el muro del hambre".

El flamante mandatario recibió la banda presidencial y el bastón de mando de parte de Macri en el Congreso. Una escena muy diferente a la de hace cuatro años, cuando Cristina Kirchner dejó la presidencia un día antes de lo previsto y Macri fue investido por el presidente provisional del Senado.

Kirchner, de 66 años, juró a su vez como vicepresidenta y asumió la presidencia del Senado.

"Estoy feliz. Volvió la democracia. Nosotros estábamos en una dictadura camuflada. Confiamos en Cristina y Alberto", declaró Gladys Bert, una enfermera de 59 años en la emblemática plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada.

El reto económico de Fernández

Alberto Fernández aseguró que su país tiene la voluntad de pagar la deuda pero carece de los medios y se comprometió a atender "la emergencia social" ante el aumento de la pobreza, al asumir este martes la presidencia de Argentina.

"Es imposible pagar la deuda externa si no hay crecimiento. Queremos tener una buena relación con el FMI, pero sin crecimiento no podemos pagar", señaló en su discurso de investidura.

A cambio de un severo ajuste fiscal, el FMI otorgó en 2018 un crédito por 57,000 millones de dólares a Argentina, de los cuales el país ha recibido hasta ahora unos 44,000 millones. La deuda total ronda los 315,000 millones de dólares, casi 100% del Producto Interno Bruto.

Fernández, un peronista de centro-izquierda que gobernará hasta fines de 2023, sostuvo que el gobierno saliente del liberal Mauricio Macri "ha dejado a la nación en una situación de virtual default".

"Los acreedores tomaron un riesgo al invertir en un modelo que ha fracasado en el mundo una y otra vez", advirtió el nuevo presidente.

"Vamos a encarar el problema de la deuda externa. No hay pago de deuda que se pueda sostener si el país no crece. Tan simple como esto: Para poder pagar, hay que crecer primero", declaró.

El mandatario llamó a "construir un nuevo contrato social fraterno y solidario" para atender prioritariamente a los más pobres en este país en plena crisis económica, que cerrará 2019 con una inflación de alrededor de 55%, una pobreza cercana a 40% y una caída del PIB de 3.1 por ciento.

"Los únicos privilegiados serán quienes han quedado atrapados en el pozo de la pobreza (...) 15 millones sufren de inseguridad alimentaria en uno de los mayores productores de alimentos. Argentina tiene que poner fin a esta catástrofe social, dijo el flamante presidente.

Fiesta en la plaza

Varios mandatarios de la región faltaron al acto, excepto por el presidente cubano Miguel Díaz Canel, así como los mandatarios de Paraguay, Mario Abdo Benítez; y de Uruguay el entrante Luis Lacalle y el saliente Tabaré Vázquez.

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, informó por Twitter que se quedará en su país monitoreando las tareas de búsqueda de un avión militar chileno que desapareció el lunes cuando se dirigía a la Antártida con 38 pasajeros a bordo.

Brasil, principal socio comercial de Argentina, está representado por el vicepresidente Hamilton Mourao, un alivio después de crispaciones con el mandatario Jair Bolsonaro.

Contrariamente a los rumores, no estuvo en el acto el expresidente boliviano Evo Morales, a quien Alberto Fernández ofreció asilo tras lo que él mismo calificó como un golpe de Estado en Bolivia.

Los actos están acompañados de una fiesta musical de cumbia y rock en la plaza de Mayo, sobre la que se erige la Casa Rosada y de la cual, a pedido de Fernández, fueron retiradas 24 horas antes las vallas que limitaban el paso hacia la sede presidencial.

La emblemática plaza amaneció embanderada y con pancartas de apoyo al nuevo gobierno de distintas agrupaciones políticas y sindicatos.

Simpatizantes de Alberto Fernández escuchan el discurso inaugural del sucesor de Mauricio Macri. Foto: Reuters

"En estos años (de Macri) hubo un retroceso lamentable, triste. Ahora volvemos a tener libertad", señaló Alberto Muñoz, un peón rural, de 39 años.

Fernández convocó a los argentinos a la "unidad" para un "nuevo contrato social solidario". Pero no será fácil superar la llamada 'grieta' que divide a los argentinos.

"Es un día muy triste, retrocedemos a un punto lamentable. Macri habrá hecho algunos errores pero que vuelvan estos monstruos que robaron al país", dijo la abogada penalista Valeria García Morales, de 49 años, que evitó acercarse al centro este martes.

Contención social

Argentina, que en 2001 vivió su peor crisis, con el mayor default de la historia, cinco presidentes en una semana y saqueos y disturbios que dejaron una treintena de muertos, se esfuerza por evitar otro estallido, en especial cuando países cercanos como Chile, Bolivia, Ecuador o Colombia atraviesan por duras protestas ciudadanas.

Macri deja una Argentina con una inflación de 42.2% hasta octubre, aumento de la pobreza (35.4%) y caída del Producto Interno Bruto (-3.1% para 2019).

"Detrás de estos terroríficos números hay seres humanos con expectativas diezmadas", señaló Fernández.

El nuevo presidente se propone para los primeros días de su gobierno mejorar los ingresos de los más vulnerables, a través de más fondos en ayuda social pero también aumentos salariales y de pensiones para las franjas más bajas.

El analista Rosendo Fraga advierte sobre las elevadas expectativas de muchos argentinos- "El riesgo es la ansiedad de la gente de que se produzca un cambio rápido en materia social. Fernández deberá administrar las expectativas y para ello su instrumento más importante es el peronismo, los sindicatos y los movimientos sociales moderados", comentó.

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