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De patente, genérico o similar, ¿cuál medicamento conviene más a mi salud y bolsillo?
Los medicamentos de patente y Genéricos Intercambiables (GI) y pueden tener una diferencia de precio de hasta 90% ¿cuál es la razón y cómo elegir el mejor para la salud?

Una de las preguntas más recurrentes en el mundo de la salud gira en torno a la diferencia entre los medicamentos de patente, Genéricos Intercambiables (GI) y similares, así como su efectividad e impacto en el bolsillo de los hogares.
Un medicamento genérico puede ser hasta 90% más económico que uno de patente, dependiendo del fármaco que se trate. De acuerdo con especialistas, ambos tienen la misma efectividad y contienen la misma sustancia activa en su producción. Entonces, ¿por qué son más caros los medicamentos de marca?
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¿Cuál conviene comprar para mi bolsillo?
La UDLAP, en un escrito firmado por la doctora Erika Palacios Rosas, explica que el precio del medicamento de patente no sólo incluye los costos de producción, también contempla todo el trabajo de investigación realizado, desde el desarrollo de la nueva molécula, hasta los estudios preclínicos y clínicos que garantizan la eficacia y seguridad del nuevo medicamento.
Este proceso implica grandes inversiones para la industria farmacéutica, por lo que surge la necesidad de proteger la innovación, la investigación y el desarrollo del nuevo medicamento mediante la concesión de la patente.
A decir de los especialistas, considerando que los fármacos de patente y los genéricos intercambiables tienen la misma eficacia comprobada, si no tienes la posibilidad económica de adquirir los medicamentos de marca puedes comprar los GI con la certeza que tendrán el mismo efecto en tu salud.
Nora padece de ansiedad generalizada y debe tomar dos comprimidos de escitalopram de 10 mg al día. Al mes implica ingerir 60 pastillas. El medicamento de patente con 28 unidades tiene un costo cercano a 1,600 pesos; es decir, al mes gastaría alrededor de 3,200 pesos.
Ella toma GI y una caja de 28 unidades le cuesta entre 80 y 150 pesos, dependiendo de donde la compre; es decir, desembolsa al mes máximo 300 pesos.
“Mi doctor me recomendó que comprara genérico, porque el de patente es más caro y sólo me vende marca y una caja bonita”, comenta.
Rosa toma medicamento por una afección cardiaca y dice que el de patente le cuesta casi 1,800 pesos, mientras que el genérico 380 pesos. “Me quiero cuidar, pero también comer. Enfermarse sale caro”, dice.
“Los medicamentos genéricos por lo regular son más económicos que los de patente, lo cual se debe a que el precio de la sustancia activa en sí es reducido, lo que origina que el precio se eleve en los fármacos es el costo de investigación, desarrollo y promoción del mismo”, señala Profeco.

Medicamentos de patente, GI, similares
¿Por qué la diferencia de precios?
La doctora Abigail Pérez González, parte del equipo médico de la Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajo (Profedet), explica que los medicamentos de patente o innovadores llevan un protocolo largo de investigación, con pruebas y análisis profundos, para que puedan determinar su eficacia con los efectos positivos deseados.
Después de cierto tiempo, generalmente 20 años, la patente que obtuvieron del fármaco se libera para que otros laboratorios la puedan utilizar. Así nacen los GI, medicamentos que contienen el mismo principio activo, dosis, concentración y vía de administración que un medicamento de patente.
La UDLAP explica que un medicamento está conformado por la sustancia farmacológicamente activa con acciones en nuestro organismo y los excipientes, sustancias inactivas que facilitan y mejoran las características de conservación, preparación y administración de los medicamentos.
“La principal diferencia entre un medicamento de patente y uno genérico son los excipientes, ya que el principio activo es el mismo en ambos productos”, señala.
Partiendo de ese punto, Pérez González asegura que los fármacos de patente y GI tienen la misma eficacia, con la diferencia de que el laboratorio que lo lanzó al mercado por primera vez realizó inversiones millonarias en investigación y tiene documentado el estudio que llevó a cabo.
“Esta situación se traduce en precios más altos al público durante el tiempo que conserve sus derechos de creación e invención, e incluso cuando ya esté liberada la patente”.
En contraste, dice la especialista, los medicamentos similares o comúnmente llamados no innovadores no tienen la validación de investigación que los represente ni estudios de biodisponibilidad y, por lo tanto, no marca la seguridad de que su uso tendrá beneficios.
En su opinión, al no contar con estudios suficientes, “los medicamentos similares no son eficaces, incluso resulta riesgoso utilizar sustancias que no tienen un respaldo en investigación”.
Jessica Lakshmi, especialista en citometría y divulgadora científica, asegura que en la legislación mexicana no existe, como tal, la clasificación de medicamentos similares. Lo que se encuentra en las farmacias del país es una de estas dos opciones: medicamentos de patente o GI.
El término de similares se popularizó en el país por la farmacia que lleva el mismo nombre, públicamente reconocida por su personaje del Doctor Simi, pero, dice, en esa farmacia también se venden GI o medicamentos innovadores.




