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¿Cómo sustituir nuestros bienes de ?consumo duradero?
Es importante dar mantenimiento regular a nuestros bienes, particularmente los de consumo duradero.
¿Cómo planear la sustitución de nuestros bienes de consumo duradero? Como mencionamos en la columna del pasado martes es importante dar mantenimiento regular a nuestros bienes, particularmente los de consumo duradero. Esto permite incrementar su vida útil y tenerlos en las mejores condiciones posibles. Sin embargo, como destacamos, tienen una vida útil determinada y eso implica que tarde o temprano tendremos que sustituirlos por otros. Por otro lado, a medida que la tecnología va avanzando, muchas buscamos hacerlo por productos que nos den un servicio mejor o que nos permitan mayor comodidad.
El gran problema es que cuando llega ese momento, por lo general no estamos preparados y tenemos que enfrentar un fuerte desembolso o incluso adquirir deudas en condiciones desventajosas para nuestro bolsillo. Para prevenir lo anterior es conveniente que dentro de nuestro presupuesto incluyamos el concepto de depreciación, con el fin de que apartemos mensualmente una cantidad destinada a la sustitución de estos productos. Esto puede hacerse de las siguientes formas:
1. En el caso de los bienes que sabemos de antemano que cambiaremos dentro de un periodo determinado de tiempo, el procedimiento es muy sencillo. Basta con dividir el valor total de ese objeto entre el número de meses que faltan para que debamos sustituirlo, con el fin de obtener el monto mensual que debemos ahorrar.
Muchas veces el bien usado tiene un valor de reventa en el mercado que se debe tener en cuenta. Un caso común: los automóviles. Sin embargo, es cierto también que la venta de éste se realiza en la mayoría de las ocasiones después de haber adquirido el bien sustituto, situación que se debe considerar para realizar nuestro ejercicio.
2. En el caso de productos que podríamos cambiar o no cambiar, dependiendo del estado de los mismos y/o de nuestras exigencias en el futuro, la situación se torna un poco más complicada, ya que intervienen factores que no podemos medir en este momento y, por lo tanto, no podemos incorporar a nuestros cálculos. Se obtienen porcentajes de depreciación con los siguientes métodos:
A) Obtener del distribuidor o del fabricante del producto la vida útil promedio que tiene. Con ello se podrá elaborar un porcentaje anual o mensual a depreciar. Este procedimiento puede no resultar del todo válido para nosotros, ya que la vida útil siempre depende del tipo de uso y del mantenimiento que se dé a los bienes, el cual puede ser altamente variable.
B) Investigar el valor de reventa en el mercado de productos usados para diferentes antigüedades. Es decir, el valor de una lavadora de cierta marca que ha sido usada un año puede ser 25% menor al valor de la misma lavadora nueva. Esto nos indica que en el primer año nuestro bien se está depreciando 25 por ciento; sin embargo, el valor de la misma que ha sido usada dos años puede ser solamente 15% menor a la que tiene una antigüedad de un año. Siempre es importante obtener los precios considerando diferentes antigüedades, ya que la depreciación varía dependiendo de ello.
C) Incorporar un porcentaje de depreciación fijo y subjetivo, dependiendo de nuestras necesidades y de experiencias previas vividas. Quizá nuestro refrigerador haya durado 10 años en buenas condiciones de funcionamiento. Entonces puede ser razonable utilizar una depreciación anual de 10% del valor del bien.
Cabe mencionar que al hablar de periodos de tiempo generalmente largos, el monto de depreciación que ahorremos debe ser invertido en instrumentos que otorguen una tasa real, con el fin de conservar el poder adquisitivo. Los recursos que tengamos no serán suficientes para adquirir un bien similar. Anualmente debemos investigar el valor de reposición a nuevo de nuestro producto, con el fin de aplicar cada año el porcentaje de depreciación elegido al valor actualizado, para obtener el monto a ahorrar.
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