Cancún.- Luego del anuncio de la construcción del proyecto hotelero Grand Island Cancún han surgido posiciones encontradas, dada su dimensión de 3,000 habitaciones en una zona contigua al Área Natural Protegida Manglares de Nichupté.

El gobernador de Quintana Roo, Carlos Joaquín González, aseguró que un proyecto de esa magnitud supone un riesgo de saturación de servicios; sin embargo, añadió que ninguna obra puede iniciar construcción sin antes haber pasado por la autorización de impacto ambiental que otorga el gobierno federal.

“La MIA (Manifestación de Impacto Ambiental) tiene la obligación precisamente de verificar la carga que cada inversión tiene sobre el medio ambiente, el suelo, al agua, al aire, y si considera que es posible determinado desarrollo, puede llevarse a cabo y si no, tiene que modificarse”, aseguró.

Por otra parte, organizaciones ambientales como el Grupo Ecologista del Mayab (Gema), los mismos que se opusieron y ganaron el amparo que canceló en definitiva Malecón Tajamar, ya están en análisis de acciones legales para oponerse a la construcción del megahotel, retomando los argumentos que en su momento esgrimió el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda).

Araceli Domínguez, presidenta de Gema, explicó que durante la consulta pública a la que fue sometido el proyecto antes de que se le otorgase la autorización de impacto ambiental por parte de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), el Cemda puntualizó las irregularidades de la obra, como el hecho de que uno de los predios en los que se pretende construir ya anteriormente fue rechazado un proyecto inmobiliario también promovido por BVG dada su incompatibilidad con el Programa de Ordenamiento Ecológico Local del Municipio Benito Juárez.

Además, BVG fue objeto de procedimientos administrativos por el desmonte ilegal de manglar derivados de una visita realizada por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente el 4 de febrero del 2006. Los expedientes que se abrieron por este motivo en contra de la empresa son el PFPAP/QROO/57/0128/2006 y el PFPAP/QROO/54/0125/2006.  

La activista agregó que el proyecto supone una sobrecarga en la demanda de agua y demás servicios básicos en una zona hotelera que desde hace 10 años ya presenta síntomas de sobredensificación hotelera.

Uno de los principales impactos será en el tema de movilidad, pues tan sólo en empleos la propia empresa promovente refiere que se crearán 20,000 durante todo el proceso de construcción y operación, lo cual implica una cantidad importante de vehículos y personas circulando todos los días por el bulevar Kukulcán, la única arteria que corre a lo largo de toda la zona hotelera que ya desde hace muchos años se encuentra saturada.

En entrevista aparte, el empresario inmobiliario Miguel Ángel Lemus, expresidente de la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios de Cancún, consideró que Grand Island Cancún debe ser muy cuidadoso en cumplir todas las limitantes ambientales vigentes, pues de lo contrario le podría suceder lo mismo que a Malecón Tajamar, que aún con los permisos en regla fue cancelado.

De antemano, dijo, se infiere que al haber sido ya autorizado por las autoridades en la materia, el proyecto cumple con los ordenamientos vigentes; no obstante, la ejecución y el cómo se socialice el proyecto serán muy importantes para que pueda llegar a buen término.

Francisco Córdova Lira, expresidente del Consejo de Coordinador Empresarial del Caribe, aseguró que hay mucha incongruencia en las decisiones que toman las autoridades ambientales, pues ya anteriormente en los terrenos donde actualmente se pretende edificar la obra se negaron en el pasado permisos ambientales para proyectos inmobiliarios de la misma empresa dada la fragilidad ambiental de la zona, por lo cual no se explica el que años después se autorice un complejo mucho más grande que implica impactos mayores al entorno.

Por último, el director del Consejo de Promoción Turística de Quintana Roo, Darío Flota Ocampo, consideró positivo el que el proyecto hotelero incluya un centro de convenciones de grandes dimensiones, pues la industria turística de Cancún requiere de un recinto adecuado para consolidar el segmento de los congresos y las convenciones.

La obra

El proyecto Grand Island Cancún, cuyo monto de inversión asciende a 1,000 millones de dólares, representa una de las más grandes inversiones turísticas que se han hecho en 30 años.

Consiste en la construcción de un hotel en dos etapas principales, la primera consistirá en la construcción y apertura de 2,000 habitaciones con sus respectivas áreas comunes, circulaciones verticales, albercas, amenidades, áreas de servicio y estacionamiento.

La segunda etapa contempla el mismo alcance para 1,000 habitaciones más, que también contará con sus áreas comunes, circulaciones verticales, alberca, amenidades y áreas de servicio. El tiempo estimado de desarrollo de ambas etapas es de 39 meses para la conclusión de la obra.

El área donde se pretende realizar la construcción del hotel se integra por dos lotes, uno de 5,982.111 metros cuadrados y el otro de 217,576.457 metros cuadrados, para un total de 223,558.568 metros; ambos ubicados sobre el boulevard Kukulcán, a la altura del kilómetro 16.5, en la Supermanzana A-2 “A” Segunda Etapa, en la segunda etapa de la zona hotelera de Cancún.

 

 

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