El Bajío fue la región del país que presentó el mayor dinamismo industrial durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, mientras el sur-sureste fue la única zona que registró una caída en las actividades secundarias.

Es decir, la brecha económica en las regiones del territorio nacional, particularmente en los sectores industriales, se amplió en la administración federal pasada.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la actividad industrial del Bajío creció 5.0%, como promedio de las variaciones anuales en el periodo 2013-2018, frente a un incremento nacional de apenas 0.6 por ciento.

Este comportamiento derivó por el resultado de sus integrantes: 6.0% en Aguascalientes, 5.3% en Guanajuato, 5.0% en Querétaro y 3.9% en San Luis Potosí. De hecho, los cuatro estados del Bajío se ubicaron en el top siete de mayor dinamismo fabril en el país, cuyo primer lugar pertenece a Baja California Sur (13.7%), entidad que aprovechó el boom turístico de sus destinos para detonar las actividades industriales, principalmente la construcción de complejos hoteleros, centros comerciales y viviendas para satisfacer el aumento de la demanda que emanó del turismo.

¿Por qué el Bajío mostró el mayor dinamismo industrial en México? Los estados de esta región comprendieron que el trabajo en conjunto, explotando su vocación automotriz, puede traer resultados positivos.

Prueba de ello es que Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro y San Luis Potosí tienen un proyecto con el cual pretenden potenciar económicamente a la región: Corredor Industrial y Tecnológico del Bajío.

En noviembre del año pasado, los gobernadores de las cuatro entidades firmaron el denominado Acuerdo San Miguel, con la meta de crear la primera zona del país que se perfile como una plataforma integrada en materia productiva, de inversión, logística y de exportación.

La directriz de este proyecto es enlazar las vocaciones económicas y áreas de oportunidad de cada entidad, como las ramas automotriz, aeroespacial, agroalimentaria y turística, aunque el actual gobierno federal no ha mostrado su apoyo a esta iniciativa.

No obstante, la consolidación del Bajío proviene de políticas estatales de administraciones locales previas. Por ejemplo, la planta de Toyota, que se ubica en Apaseo el Grande, beneficia a los proveedores de Querétaro, mientras empresas guanajuatenses son proveedoras en San Luis Potosí y Aguascalientes.

Este dinamismo industrial va de la mano con la llegada de capital extranjero. Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, el Bajío se posicionó como la región con mayor crecimiento en la captación de Inversión Extranjera Directa. Con un total de 31,006.0 millones de dólares en atracción entre el 2013 y el 2018, exhibió un incremento de 103.3%, en comparación con los 15,250.5 millones que se registraron en el periodo 2007-2012, por lo cual fue líder regional en este indicador, según información de la Secretaría de Economía.

Otra explicación del aumento anual promedio de 5.0% de la actividad industrial en el Bajío en la administración priista deriva de la actuación de la manufactura, el sector más importante no sólo de la industria, sino de toda la economía mexicana.

Es importante aclarar que las actividades industriales se dividen en cuatro sectores: manufactura, construcción, minería y generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final.

En esta línea, el Bajío obtuvo el mayor incremento anual de la producción manufacturera del país, como media, en el gobierno federal pasado, con una tasa de 6.1 por ciento.

En resumen, el Bajío dominó la actividad económica de México durante la gestión de Peña Nieto.

Zozobra

El otro lado de la moneda es el sur-sureste. Fue la única región que presentó un retroceso en las actividades secundarias, con un descenso de 1.0% en el lapso de análisis. Las excepciones de esta zona son Quintana Roo y Yucatán.

Los descensos se observaron en Veracruz (1.8%), Tabasco (4.8%), Campeche (5.6%) y Chiapas (6.5%); esta situación fue, especialmente los territorios tabasqueño y campechano, por la crisis que vivió el sector petrolero en años previos por los bajos niveles de los precios del crudo y la disminución de la producción de hidrocarburos. Oaxaca apenas alcanzó un incremento de 0.003% y Guerrero obtuvo un alza de 1.7% en la industria.

En conclusión, el sur-sureste continuó en el rezago fabril con Peña Nieto –salvo el proyecto de Zonas Económicas Especiales que podría desaparecer con Andrés Manuel López Obrador-, mientras el Bajío fue la joya de la corona.

Con la nueva administración federal se espera, de acuerdo con especialistas, que el sur-sureste salga del rezago económico y social, impulso que provendría de obras como el Tren Maya, construcción y modernización de refinerías, el corredor del istmo de Tehuantepec, así como programas con incentivos fiscales.

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