Meses de incertidumbre se disiparon tras el anuncio de la cancelación del proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM). La saturación aérea en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) se resolverá con la integración de un sistema aeroportuario con tres nodos: Ciudad de México-Santa Lucía-Toluca, que estaría listo en tres años, pero aún no hay un programa concreto del proyecto, con lo cual prevalecen dudas sobre costos, tiempos y obras complementarias.

El alto costo de mantenimiento y operación del actual aeropuerto y la infraestructura requerida para el aeropuerto de Santa Lucía, que necesitará lagunas de regulación para el control de agua pluvial, neutralizará los ahorros que se pueden generar al usar la base aérea militar, consideró el Colegio de Ingenieros Civiles de México (CICM).

“Santa Lucía cuenta con mejores características del suelo que permiten cimentaciones más sencillas y probablemente un menor costo de mantenimiento de pistas al no existir hundimientos”, se explicó al equipo de transición del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador.

El análisis sobre la operación simultánea del AICM y Santa Lucía, tras la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, planteaba que el principal obstáculo estaba en el tema aeronáutico, lo cual, a decir del próximo titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), Javier Jiménez Espriú, se ha disipado con el estudio realizado por la firma francesa NavBlue.

A finales de octubre, Jiménez Espriú reveló el contenido del estudio y sostuvo que la empresa francesa, filial del fabricante de aviones Airbus, concluyó que la operación simultánea de ambas terminales aéreas permite entre 130 y 140 despegues y aterrizajes por hora, más del doble del nivel máximo permitido hoy en el AICM (61 por hora).

No obstante, hay observaciones del CICM que prevalecen y podrían derivar en una mayor inversión respecto de lo calculado, más allá de los 70,000 millones de pesos que costaría desarrollar comercialmente Santa Lucía. Además, se ha sumado al sistema el aeropuerto de Toluca para establecer un sistema aeroportuario metropolitano, cuya inversión requerida se desconoce.

Una problemática conocida “a profundidad” por los ingenieros es la situación del saturado AICM, “que incluye problemas de inundaciones en las pistas, deficiente abastecimiento de agua potable, drenaje inadecuado e insuficiente, así como hundimientos del suelo que provocan la necesidad de mantenimiento continuo en pistas y edificios de ambas terminales”, para lo cual se requieren altos presupuestos.

Estudios Técnicos Requeridos

El presidente electo afirmó que la próxima semana se presentarán los detalles del proyecto del Aeropuerto Internacional de Santa Lucía, que deberá estar terminado en tres años y podrá atender a unos 60 millones de pasajeros anualmente.

En el anteproyecto, elaborado por Grupo Riobóo, se detalla que los estudios y planeación de la terminal durarán dos meses.

En su momento, los grupos técnicos del CICM, sin considerar esa información, precisaron que el proyecto de aeropuerto en Texcoco cuenta con más de 30 años de estudios y proyectos ejecutivos terminados que permitieron iniciar su construcción. En cambio, de Santa Lucía se desconoce qué empresa o empresas están elaborando los estudios requeridos para ser considerado en el presupuesto de egresos del próximo año.

De acuerdo con especialistas en la materia, hay dos posibilidades que garanticen el flujo de recursos: que este mes se registre el proyecto ante la Secretaría de Hacienda con el documento elaborado por Riobóo o que en la aprobación del presupuesto lo integre algún diputado.

Mitre opina

Días antes de la revelación del estudio de NavBlue, una de las corporaciones más influyentes en materia de diseño de espacios aéreos, MITRE,  reiteró que el plan AICM-Santa Lucía “no ha sido estudiado completamente. A diferencia de este caso, Texcoco no fue anunciado hasta septiembre del 2014, antes de lo cual todavía contenía algunos riesgos técnicos”.

Refirió que en el 2012 MITRE consideraba que el plan Texcoco era “casi seguro”, sin embargo, aún demoró dos años en otorgar su aval en términos de viabilidad aérea hasta eliminar completamente la incertidumbre sobre los riesgos posibles.

En estos momentos, el foco de atención está puesto en la solución operativa entre el próximo gobierno y las empresas participantes y los compromisos financieros que deben cumplirse de acuerdo con los contratos y documentos generados para el proyecto cancelado.

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