La restauración del suelo agrícola incrementa el rendimiento de los cultivos de jitomate entre 20 y 24%, estimó el director de Agrinos México, Marco Antonio Salcedo López.

De acuerdo con cifras de la firma de tecnología agrícola de origen noruego, el valor estimado del negocio del jitomate en México es de mil millones de dólares y casi 90% de la exportación es hacia Estados Unidos.

El directivo explicó que la tecnología utilizada para la restauración del suelo agrícola, a base de recursos orgánicos, aporta uniformidad de tamaños en el cultivo de jitomate que se traduce en más toneladas por hectárea y mejor calidad, lo que influye en el valor nutricional.

Sostuvo que cuando la planta no está balanceada genera jitomates de diferentes tamaños, lo cual se uniforma con la tecnología, lo que implica mayor calidad con más ingreso en la cosecha, además de que la hortaliza es más pesada, lo que se traduce en mejor rendimiento por hectárea.

"Por cada dólar invertido en la tecnología de Agrinos regresamos cinco o 10 veces el valor de la inversión; esa es la tasa de retorno que tenemos en el jitomate de exportación", precisó.

En los últimos años, advirtió el directivo, se ha intensificado el uso de agroquímicos, pesticidas que degradan el suelo, principal insumo de la agricultura.

En estas condiciones, el suelo agrícola no es capaz de sustentar el uso intensivo de la tierra, establecer niveles de materia orgánica requeridos para el funcionamiento del sistema microbiano y tampoco de optimizar la labranza del suelo y la retención de agua.

"Percibimos que por la degradación del suelo, el contenido nutricional de lo que nos comemos es muy bajo en relación con lo que comían nuestros abuelos".

Y es que mientras sigue la polémica por el uso de transgénicos, restaurar suelos degradados se erige como una opción más en la productividad agrícola.

Por ello, explicó el directivo, se utilizan microorganismos que realizan funciones como fijar nitrógeno atmosférico, desdoblar nutrientes o fabricarlos; así como sustancias biológicas como antibióticos naturales, hormonas de crecimiento que ayudan a regular el PH (la acidez) del suelo, con el fin de devolver "parte de vida" a los terrenos agrícolas.

Otros componentes se obtienen del camarón, pues la industria acuícola desecha las cabezas del crustáceo y "nosotros la usamos y obtenemos quitina, sustancia ricas en aminoácidos, glucosamina, quitosano, (también llamado chitosán)".

Lo anterior se traduce en funciones de enraizamiento de la planta con mejores nutrientes; la glucosamina ayuda en su sistema de defensa y que siempre esté vigorosa, con mayor resistencia a plagas y enfermedades, inclusive a cambios de clima, detalló el directivo.

Sobre otros cultivos susceptibles para el uso de esta opción tecnológica, Salcedo López señaló que sirve para cualquiera, es así que han comprobado mayor contenido vitamínico y de minerales en uva y fresas, entre otros productos.

Respecto a su relación con los productores, señaló que operan con un esquema en el que primero se acercan con el agricultor para saber sus necesidades; "si quiere calidad o quiere resistencia a enfermedades o quiere todo, entonces armamos el paquete a la medida del productor".

Detalló que la tecnología de Agrinos ofrece una adaptación al cultivo a las condiciones del clima, a la genética de la planta, al tipo de suelo y de agua.

Al tratar el tema de los transgénicos, apuntó que cuentan con casos especiales como en Oaxaca y Chiapas, en donde usan maíces locales sin alteración de ninguna manera, y donde al utilizar su tecnología obtuvieron rendimientos de 500 kilos por hectárea o tonelada por hectárea.

"Hemos ayudado a que esa misma semilla en el mismo campo, en las mismas condiciones de trabajo que a veces son de temporal y muy artesanales, levantemos hasta dos o tres toneladas por hectárea", aseguró.

lgl